Cuestión de peso
La relación negativa entre sobrepeso y el rendimiento en una cancha de fútbol es algo que fue descubierto en Argentina casi desde los inicios mismos del juego en el país, al punto que una de las tradiciones nacionales más arraigadas es la de mandar al "gordito" del equipo al arco en cualquier picado informal por considerárselo poco apto para desempeñarse en posiciones que requieran algo más de vértigo.De todos modos también desde tiempos fundacionales del fútbol criollo, los compañeros del obligado arquero de la "canchita" siempre reconocieron que la presencia de un jugador entrado en kilos entre los tres palos nunca fue garantía de nada, salvo por la ventaja comparativa de cubrir un poco más la portería gracias a su mayor masa corporal. "El arquero de siempre en el equipo del barrio era el 'Grueso' Marineri, quien debido a sus generosos kilos de más era incapaz de saltar para descolgar un centro, porque su peso le impedía vencer la fuerza de la gravedad", rememora Adelmar Volátil, aquel legendario y rapidísimo wing de 38,5 kilos de peso, recordado como "el Flaco" Volátil.
En sus nostálgicas evocaciones, el etéreo exjugador recuerda que el "Grueso" Marineri, debido a su voluminosa contextura, no podíatirarse para llegar a una pelota medio esquinada. "Carreteaba en cámara lenta como un Hércules y se dejaba caer, levantando una densa polvareda que lo hacía desaparecer durante algunos segundos de la vista de todos. Había que esperar a que se asentara la tierra para saber si la pelota estaba adentro o si la había atajado", recuerda Volátil.
Estos testimonios reflejan hasta qué punto habría una relación inversamente proporcional entre kilos de más y rendimiento en el fútbol (a más kilos menos rendimiento y viceversa). Además, la cuestión cobró inusitada vigencia en los últimos días a partir de dos jugadores que no daban el pesaje, y que luego de una estricta dieta se convirtieron en goleadores.
Uno de los casos es el del francés André Pierre Gignac, ex-Olympique de Marsella y actual delantero de Tigres de México, anoche rival de River, a quien Marcelo Bielsa (cuando era su DT en Francia) le recomendó bajar de peso. El francés se tomó en serio la palabra del “Loco”, adelgazó seis kilos y convirtió 21 goles en su última temporada en el fútbol galo.
“Si hubiera bajado 12 kilos, Gignac habría llegado a 42 goles”, concluyó un experto en estadísticas después de realizar complejas operaciones matemáticas. “Y si hubiera bajado 18 habría marcado 63”, agrega otro de los especialistas con el rostro agobiado por horas de cálculos.

Gignac, apodado irónicamente “Big Mac” por su sobrepeso y víctima de burlas discriminatorias por parte de las hinchadas rivales (una suerte de bullying tribunero), dejó claro que bajo una gruesa capa de grasa abdominal se ocultaba un goleador implacable.
El otro caso es argentino, se trata de Martín Benítez, delantero de Independiente que desde que bajó dos kilos no deja de hacer goles (lleva cuatro en los últimos tres partidos). "Generalmente se gastan millones en traer goleadores, cuando lo que en realidad se necesita es hacer adelgazar a los que están", reflexionó el dirigente rojo, José Escarlata.Los analistas tienen una conclusión unánime e implacable: el prejuicioso concepto de potrero de mandar a miles de "gorditos" al arco privó al fútbol argentino de goleadores formidables, porque debajo de los rollos y barrigas de quienes, indefectiblemente, marchaban al "destierro de los tres palos", latían asesinos del área que jamás pudieron demostrar sus condiciones.
El combate a la obesidad en el fútbol va de la mano de las nuevas formas de alimentación basadas en algas y líquenes, quínoa, peces magros, fibra de yute o tubérculos como la papalisa, pero también tiene mucho que ver el ojo clínico del DT. Apenas Bielsa vio que a Gignac la camiseta le entraba tan ceñida que no le tapaba el ombligo, le dijo “tenés que adelgazar”; y lo mismo hizo Mauricio Pellegrino apenas llegó a Independiente, lo vio a Benítez y ordenó precintar la heladera de su departamento.

Años atrás, “el Ogro” Fabbiani se quejó de las mínimas dimensiones de la cancha de Argentinos Juniors (mide 60 por 43 metros), los ofendidos hinchas del Bicho colgaron un trapo que decía “Fabbiani la cancha no es chica, vos sos gordo”. En realidad uno y otros tenían razón, pero por estos días la era de los jugares rellenitos está quedando cada vez más relegada a las categorías más bajas del ascenso.
