Cuando en el fútbol hacer goles se transforman en jamones
Boca jugó contra Sevilla en España y Angelici quedó muy satisfecho con un jamón ibérico de pezuña negra, cerdo engodado a bellotas.
La noticia proveniente de España según la cual Boca Juniors jugó un amistoso contra Sevilla con todas sus estrellas en 2016, por el módico caché de un jamón de 400 euros, presumiblemente de cerdo ibérico de pezuña negra engodado a bellotas para el presidente Angelici, provocó excitación en el ambiente futbolero, muy proclive a las picadas bien servidas. Pero también despertó expectativas en ciudades argentinas famosas por sus fiambres y otros productos comestibles artesanales.
Sería el caso de Colonia Caroya donde algunos se entusiasman con la posibilidad de que la debilidad del presidente boquense por las especialidades culinarias con denominación de origen, permita que Boca juegue por ejemplo con Juventud Agraria Colón por un buen salame de la colonia. En igual sentido se entusiasman en Oncativo con un Flor de Ceibo- Boca por otro salame, o en el norte provincial por un Independiente de Quilino-Boca a cambio de un cabrito salinero.
Comentarios mal intencionados ponen la lupa en el pronunciado abdomen del presidente xeneize y se preguntan si esta práctica de hacer jugar al primer equipo del club por ciertas delicias regionales, en beneficio de su propio paladar, viene desde hace mucho.
Incluso se menciona la posibilidad de conformar una comisión investigadora que analice los amistosos jugados por Boca en los últimos años. Los impulsores sostienen que lugares bajo sospecha serían Bariloche (por el chocolate), San Juan (por las pasas de uva), Tafí del Valle (por los quesos de origen), Tucumán (por las empanadas) y Burundi (por su afamado charqui de jirafa).
“Creemos que si un nutricionista le indicara una dieta estricta a Angelici, una de las primeras cosas que tendría que prohibirle son los amistosos que organiza”, señalaron desde sectores críticos al dirigente.
Pero más allá de los cuestionamientos, hay algunos equipos con problemas económicos que ven con buenos ojos la iniciativa de Angelici.
“La idea de jugar amistosos por comida podría solucionar el tema alimentario de varios jugadores del plantel, hasta tanto nos podamos poner al día con los sueldos”, razonó un dirigente de Atlético Penuria, un club con históricos aprietos económicos, que en los últimos meses ve caer el peso corporal de varias de sus estrellas.
La idea de esta institución sería la de presentarse a jugar con equipos de ligas del interior a cambio de canastas de comestibles o similares (como las legendarias cajas PAN de los inicios de la democracia, o canastas navideñas), que permitirían mejorar la ingesta calórica de buena parte del plantel.
“Necesitamos que los jugadores lleguen en buenas condiciones alimenticias a la pretemporada”, sostienen los dirigentes.
Claro está que los alimentos pretendidos en este caso tienen poco que ver con los supuestos gustos sibaríticos del Angelici. Según explicaron los directivos embarcados en esta idea, se priorizarán los paquetes de fideos, arroz, harina, yerba, azúcar, puré de tomates, garbanzos, semillas de chía, etc. “Los productos más exóticos que vamos a pedir para la canasta de comestibles, son las latas de durazno al natural (dos por caja) y la sidra (una por caja)”, agregaron.
Pero el trueque de Angelici es reconocido también por muchos puristas como un regreso a las fuentes, a esa relación tan fuerte que hay entre el fútbol y la gastronomía. “El picado con asado bien regado y postre después de las duchas es una costumbre muy arraigada en el país, que muestra hasta qué punto jugar al fútbol por diversión contribuye a la obesidad en la Argentina”, explica el nutricionista Javier Albúmina.
Y por supuesto que lo del presidente xeneize no es nuevo en el país. En 2013, cuando el hoy imparable Independiente continental luchaba por zafar del descenso, una firma de embutidos premiaba a cada jugador del rojo que hiciera un gol precisamente con un jamón. Tal vez no de cerdo ibérico, pero jamón al fin, iniciativa que seguramente sirvió de inspiración a Angelici. Y por supuesto, también son recordados los asados de falda que le regalaban a Hernán Boyero por cada gol que hacía en Instituto.
A veces, respetar las tradiciones futboleros tiene su costo.