“Cacique” bravo
Los denominados “10 Mandamientos Despiadados”, elaborados por el DT de la reserva de Nacional de Montevideo, el Alexander “Cacique” Medina, para que sean cumplidos a rajatabla por sus dirigidos en los clásicos contra Peñarol, generaron algunas polémicas, debido a que algunos de sus preceptos parecen surgidos de la mente de un supervillano como el Guasón (*) más que de un DT. Son aquellos que establecen que “la primera patada es nuestra” (cuarto mandamiento), “siempre mayoría de los nuestros en caso de tumulto” (sexto) o “no se levanta al rival del césped, salvo producto de una patada subida de tono (del rival)”, (tercero).
El decálogo bravo ofrece varias lecturas, incluida la posible pertenencia del “Cacique” a alguna tribu de ancestral belicosidad como la de los maoríes, apaches, zulúes o jíbaros. Paradójicamente, pese al origen uruguayo de Medina la falta de incitaciones al canibalismo en el decálogo lleva a excluir de la nómina de tribus bravas a los voraces charrúas, que en 1.516 degustaron a Juan Díaz de Solís, “primer europeo en llegar al Río de la Plata y también el primero en ser deglutido por los habitantes de la región”, según define el chef René Guiso, experto en nutrición ortomolecular y estudioso de la antropofagia.
"Si alguno de los mandamientos de Medina hubiesen ordenando 'morder en toda la cancha' o 'salir a comerse al rival', ya la cuestión sería distinta", asegura Guiso.Táctica y estrategia. Alarmados, algunos analistas políticos del Mercosur estiman que si el "Cacique" Medina fuera presidente del país sería el Kim Jong Un rioplatense y Uruguay ya estaría en guerra contra algún país. Por su contrario sus defensores estiman que lo suyo es una cuestión táctica futbolística destinada a mantener la paternidad sobre Peñarol en enfrentamientos de reserva.
En ese sentido sostienen que el mandamiento que indica que sólo se debe saludar al capitán contrario, tiene el objetivo de no gastar en apretones de manos fuerzas que después serán necesarias en el juego. “El ‘Cacique’ permite a sus dirigidos saludar a todos los rivales, incluidos los suplentes, por WhatsApp o por medio del envío de postales, pero siempre después del partido”, aclaró un colaborador para desmentir así la calificación de antisocial que recayó sobre el entrenador.
En cuanto al mandato de no levantar a un rival del piso tiene que ver tanto con el ahorro de energía como al hecho de que no se trata de asistir a ancianos o a personas con alguna imposibilidad, sino de deportistas de alta competencia jóvenes y dotados de suficiente elasticidad y energía como para valerse por sus propios medios.
En lo que hace al mandamiento siete (“no se demuestra dolor por nada”), tiene como objetivo hacer creer al rival que está enfrentando a comandos entrenados para soportar sesiones de tortura sin emitir ni un quejido. “La demostración de dolor está prohibida incluso para casos de fracturas expuestas o de pérdida de masa encefálica. Recién pueden gritar desgarradoramente en el vestuario y una vez que haya sido cerrada la puerta”, aclaran desde cercanías del “Cacique”.
La cosa se complica con el mandamiento que obliga a mayoría de jugadores propios en tumultos, porque como es sabido en la cancha son 11 contra 11. “La idea es estar lo suficientemente atentos como para llegar rápidamente al tumulto y así lograr una ventaja táctica inicial de 4 a 1, que permitiría empujar, amedrentar y ‘picotear’ a los rivales en inferioridad numérica y replegarse antes de que lleguen sus refuerzos”, explica el estratega futbolístico Napoleón Perdomo. “La idea es golpear y salir”, agregó.
Es claro que a diferencia de Moisés estos mandamientos no fueron dictados a Medina por el Creador en la cumbre de ningún monte, y menos aún grabados en piedra, algo que hubiera llevado su tiempo. Sin embargo habrían tenido algún grado de efectividad ya que sus dirigidos ganaron 2-0 a sus pares de Peñarol.
El concepto de los “partidos a cara de perro” no es nuevo, pero pocas veces fue planteado tan abiertamente y con tanta crudeza canina.