Boca: equipo en camilla
Con el desgarro de Juan Román Riquelme, que lo sacó de las canchas definitivamente por el resto del año, Boca alcanzó la cifra de 56 jugadores de lesionados a lo largo de 2013 (un fenómeno inexplicable hasta para los preparadores físicos de la institución), lo que llevó a algunos de sus dirigentes a solicitar que el plantel fuera declarado en emergencia sanitaria.El equipo sufrió incluso un principio de epidemia de paperas, que por suerte fue frenado a tiempo gracias a que se recurrió a un antiguo método medieval, de combatir a la peste con humo derivado de la quema de determinadas hierbas como sándalo, salvia y enebro, entre otras.
“Las quemas se hicieron en los vestuarios de Casa Amarilla herméticamente cerrados para que tuviera el máximo efecto, y si bien hubo algunos jugadores con principios de asfixia y otros con convulsiones, logramos aislar y darle su merecido al virus que la producía”, recuerda un allegado del cuerpo técnico. Además, como el virus se transmite a través de la saliva, se prohibieron por 40 días los besos entre jugadores, sobre todo cuando se saludan al entrar y salir de la cancha cuando se producen los cambios, para evitar la propagación del mal.
Pero la "Crisis de las Paperas", fue tan sólo uno de los episodios que le tocó vivir a un plantel xeneize a merced de roturas fibrilares, esguinces, migrañas y persistentes dolores musculares.
No fueron pocos los que pensaron que por primera vez en su historia Boca había conformado un equipo de "jugadores de cristal", como aquella recordada formación de Panathinaikos de los '80, cuyos integrantes eran tan frágiles que por lo menos en cinco ocasiones no pudo terminar un partido por quedar en inferioridad numérica debido a lesiones (en un choque con Panetolikos, sólo quedó con cuatro hombres en condiciones de seguir).
“Sus jugadores se lesionaban por cualquier cosa. En cuanto caían había que sacarlos camilla (muchas veces con suero), e iban derecho a la unidad de cuidados intensivos del hospital más cercano, entre otras razones porque varios eran alérgicos al pasto”, recuerda el historiador del fútbol helénico, Anixamandro de Salónica.
"Si les llegaban a meter un planchazo pasaban directamente a la cámara hiperbárica para evitar gangrenas, y el club debió crear una banco de sangre por las constantes hemorragias que afectaban a sus jugadores", agrega el cronista.
De todos modos, los especialistas admiten que el grueso de los jugadores boqueases no da el perfil de “jugador de cristal”, que algunos pretenden atribuirles.
Surge entonces, como si brotara de un manantial turbulento, la pregunta más temida: acaso Boca es víctima de una brujería, de un siniestro conjuro que atrajo sobre sus jugadores plagas, pestes, torceduras y dolores musculares.
Algunos especialistas aseguran que esta y no otra, es la verdadera razón de que el DT, Carlos Bianchi, muchas veces mire a la tribuna buscando algún plateísta con apariencia atlética para completar el banco de suplentes.
"No nos engañemos, esto no fue obra de 'la Bruja del '71, ni de 'la Bruja' Verón, ni se logró con una manzana con narcóticos como en la Bella Durmiente. Acá intervino un hechicero de un poder respetable, casi comparable al de Merlín o al de Valdemort", asegura sin tapujos el especialista José Pócima, titular de la Oficina de Hechizos y Encantamientos de la Conmebol.
Para el experto, se está frente a un conjuro que requirió de mucho trabajo. “La cantidad de lesionados revela la existencia de decenas de muñecos representando a los jugadores xeneizes, a los cuales se aplicaron agujas, palillos y/o tornillos tirafondo”, afirma el experto. Incluso consideró el hechicero podría haber estornudado sobre las reproducciones, lo que explicaría la aparición de misteriosas pestes en el plantel.
Para Pócima, el objetivo de la maldición no es solo complicar a Boca en lo deportivo, sino también desestabilizarlo económicamente “por los gastos de enfermería, tratamientos de rehabilitación, calmantes, desinflamantes y medicamentos en general”.
Desde distintos ámbitos se expresó preocupación por la posibilidad de una brujería a gran escala sobre el plantel boquense, no sólo por la integridad física de los jugadores sino porque, de extenderse, estas prácticas mágicas podrían alterar el normal desarrollo de los torneos. Una cosa es la magia del fútbol y otra muy distinta la magia en el fútbol.

