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Bedoya debería llamarse Rojas

Mirá la desopilante columna de Luis Heredia y su "Pelotazo al Vacío".

27 de septiembre de 2012 a las 09:30 a. m.
Bedoya debería llamarse Rojas
Gerardo Bedoya, del Santa Fe de Bogotá, fue suspendido ayer por 15 partidos por agredir a Jhonny Ramírez, de Millonarios.

El colombiano Gerardo Bedoya, ex Boca, Colón, Racing y actualmente en Santa Fe de Bogotá, acrecentó el sábado pasado su impresionante récord de expulsiones a 41 tarjetas rojas a lo largo de su carrera, al aplicarle un codazo en un pómulo al jugador de Millonarios Jhonny Ramírez. Para completar su faena, y mientras Ramírez se retorcía en el pasto tomándose la cara (es lo que establece el protocolo para los golpes en el rostro), Bedoya le aplicó un taponazo en la frente para aumentar así sus niveles de dolor.

“Si bien el árbitro llegó antes de que Bedoya aplicara otra variante de tormento sobre Ramírez (posiblemente hundirle los ojos con sus tapones), los asistentes de Millonarios estuvieron lentos, ya que tendrían que haber tirado la toalla apenas el jugador fue a parar al piso”, dijo un periodista de FM Ron&Goles de Bucaramanga, testigo directo de los hechos.

Si bien para muchos la estocada final sobre Ramírez constituyó un hecho lindante con el sadismo, para otros el jugador sólo procuraba garantizar su expulsión (algo que logró exitosamente), ya que de esa forma superaba la marca de 33 tarjetas rojas que ostentaba el inolvidable (sobre todo para sus rivales) Eduardo Pimentel, en el fútbol colombiano. Ahora, con 34 de sus 41 expulsiones logradas en la liga de su país, es el dueño de un récord difícil de alcanzar para cualquier futbolista local.

Sin embargo, y a pesar del respeto que suelen imponer las plusmarcas, son muchas las opiniones en contra de este nuevo logro del jugador de Santa Fe.

"Para un país que todavía no sale del horror de la patada que el panameño Luis Moreno de Deportivo Pereira le aplicara a la lechuza-mascota de Juniors de Barranquilla (que finalmente significó la muerte del ave nocturna en marzo de 2011), el codazo con el adicional del taponazo en el piso de Bedoya no contribuyen a las políticas de pacificación de Colombia, que tanto esfuerzo están demandando", aseguró en su editorial el Mirador de Chicamocha.Pero hay un dato que constituye un misterio en la implacable trayectoria de Bedoya: hasta los estadistas más meticulosos aseguran que no hay registro de la cantidad de tarjetas amarillas que recibió a lo largo de su carrera.

“También sería una cifra récord. Podrían ser más de 600 pero es imposible saberlo con exactitud”, dice Robinson Guarismos, director jefe de la Agencia Para las Estadísticas del Fútbol, con sede en Cúcuta.

Una versión asegura, no obstante, que la única persona que llevaba la contabilidad de las amarillas de Bedoya era un veterano integrante del organismo, quien hace un año ingresó sorpresivamente a un convento de clausura llevándose estos valiosos datos hacia su estricto aislamiento religioso. "Ni siquiera podemos hablar con él no sólo porque no se permiten celulares en la abadía, sino porque además hizo voto de silencio", agregó con resignación una fuente.Pero más allá de los números están los seres humanos, y Bedoya el lunes posterior a su agresión múltiple sobre Ramírez aseguró ante la prensa que le pidió disculpas a su víctima, quien se las habría aceptado algo confundido debido principalmentea que no recordaría nada de lo ocurrido.

Lejos de Colombia, más exactamente en Zurich, desde las confortables oficinas de la Fifa se sigue con preocupación el récord de Bedoya ya que se teme que algún jugador en cualquier liga del mundo intente romperlo.

“El problema es que para romper esta marca hay que romper a varios rivales, y eso no es muy positivo para el juego”, aseguró un preocupado dirigente fifista.

En principio, desde el organismo rector del fútbol mundial se están monitoreando las diferentes ligas para advertir el ritmo de expulsiones. “Si detectamos un incremento en las tarjetas rojas a algunos jugadores, actuaremos de inmediato”, agregó la fuente A veces, batir una marca puede ser traumático, y otras veces, producir traumatismos varios.