Ambiente familiar en Almagro
En otro de los habituales enfrentamientos semanales de barrabravas armados hasta los dientes, tres sujetos hinchas de Almagro resultaron heridos de bala el domingo pasado. Pero como el presidente de la institución dijo que "Almagro no tiene barrabravas" y "que es uno de los pocos clubes a los que volvió la familia", el sangriento incidente fue caratulado como "hecho de violencia familiar" y no de "violencia en el fútbol", como se había pensado en un principio.Lo que pasa es que a veces entre familias también hay problemas por diversos motivos, sobre todo si son vecinas: –El dogo que muerde a la abuela del señor de al lado (y no la suelta).–El robo de una pasta frola que se estaba enfriando en la medianera.–La caída de bombas de estruendo en el patio vecino a las 3 de la mañana, en el marco de los festejos del Día del Malabarista.En el caso de Almagro habría ocurrido algo similar: algunas de las familias que volvieron al club cuando desaparecieron los barrabravas se desconocieron por alguna cuestión doméstica y sus integrantes se dispararon a quemarropa, aseguran desde la AFA, donde no dudan de la palabra del dirigente.Para la mayoría de los directivos nucleados en la AFA, este hecho dejó claro que regresar las "familias" a las canchas no garantiza el fin de la violencia en las tribunas o en los alrededores de los estadios, salvo que se trate de familias de pandas o que tengan el perfil de los Ingalls.
“Creemos que el fútbol todavía no está en condiciones de cobijar el regreso de las familias a los estadios, ya que todavía no controlamos la violencia de las barras bravas y se corre el riesgo de sumar casos de violencia entre familias”, aseguran preocupados algunos dirigentes.
“Siempre hubo y habrá familias bravas, como el ‘Clan Puccio’ por ejemplo, que se dedicaba a secuestrar y asesinar gente. Un grupo de estas características puede hacer desastres en una tribuna”, afirma el Licenciado en Asuntos Familiares Juan Carlos Parentela. El especialista es autor del best seller “Reglamento Fifa para la Familia”, una obra imprescindible que de forma amena e instructiva ha logrado llevar las leyes del fútbol al mismísimo núcleo familiar.
Parentela también reconoce, por ejemplo, que los grupos familiares problemáticos poco aportarían a la pacificación del fútbol argentino. Cita a las hermanas Calabró, enfrentadas entre sí, o a las también hermanas Xipolitaquis, con periódicos conflictos entre sí, por citar sólo algunos casos.
Pero donde más se advierte la complejidad de la relación fútbol-familia es en las divisiones infantiles, con la presencia de los padres de los pequeños jugadores en las canchas. “Algunos de estos progenitores son tan agresivos que estamos promoviendo utilizar dardos tranquilizantes para bajarlos de los alambrados cuando se descontrolan demasiado y amenazan con lanzarse al campo del juego”, afirman desde la ONG Corriente del Niño, dedicada al cuidado del niño deportista.
Pero esta no sería la única iniciativa para evitar que los padres generen violencia en los partidos de infantiles. También está en estudio la confección de un padrón de “progenitores energúmenos”, quienes sólo podrían ingresar a los partidos en los que jueguen sus hijos inmovilizados por chalecos de fuerza y con mordazas.
“Se realizaron pruebas piloto con un grupo de padres impresentables y se advirtió que los partidos ganaron en tranquilidad con estos sujetos contenidos al estilo Aníbal Lecter”, aseguran desde la ONG. De todos modos trascendió que uno de estos voluntarios, visiblemente indignado con un juez de línea porque le cobró dos (2) posiciones adelantadas a su hijo, se las ingenio para treparse al alambrado (sin manos) y desde allí lanzarse como proyectil humano contra el linesman. Según testigos del hecho, el “padre alterado” no logró su objetivo de impactar en el asistente (pasó a centímetros de su humanidad), pero quedó clavado de cabeza sobre la línea de cal, lo que obligó a suspender momentáneamente el partido.
Un observador de lo ocurrido consideró que el sujeto “no puso ni las manos” (se lo impidió el chaleco de fuerza) y que el incidente marcó el inicio de la era de los “misiles humanos” en las canchas argentinas.

