Talleres-Belgrano: que no sea el clásico del miedo
El clásico de la amistad es el eufemismo que encontró el gobernador José Manuel de la Sota y que se mantendrá en agenda periodística para competir con los temas de interés general diarios. Al fin y al cabo, de qué sirve patrocinar a ambos clubes si ni siquiera pueden jugar entre sí.
Un partido como ya ocurre en Tucumán. Allí el Gobierno pondrá en escena dos San Martín-Atlético, sin importarle la diferencia de categoría. Belgrano-Talleres será un clásico negocio porque los clubes, con presupuestos millonarios, recibirán una entrada impensada que les permitirá pasar el invierno futbolero y entrar aliviados a la primavera.
Por caso, Talleres estaba buscando inversores y pactó un amistoso con Defensores de Villa Ramallo para cancelar un saldo por la llegada de Franco Olego, su refuerzo número 14. También será un clásico de posturas grises. Belgrano amaga públicamente con preservar jugadores pero puertas adentro en varios de los más representativos vive el deseo de jugar el partido por más que el objetivo principal sea River y el debut en el Inicial, una semana después.
¿Pensará así Juan Carlos Olave? ¿Y Esteban González? En Talleres, Javier Villarreal dice estar motivado (ascendió en 1998 ante la “B” y luego se fue a Belgrano y eso hace que varios hinchas de la “T” no lo se hayan perdonado), pero para el cuerpo técnico se asume como algo que altera la preparación y el objetivo del debut en el Argentino A. Ojalá no sea el caldo justo para que se cocine el miedo a perder tan propio de estos tiempos, tan condicionante y nocivo.
Al fin de cuentas, lo que nadie quiere y es eso que convierte a los partidos en bodrios increíbles. Que los protagonistas definidos (titulares, suplentes, mix o como los designen sus DT) sepan también que un partido puede ser capaz de cambiar la vida deportiva.
De mejorarla, de orientarla o de relanzarla. Que sea más un incentivo que una presión. Que el jugador viva el juego pensando más en determinarlo, que con el temor a equivocarse, al error mismo. Que transcurrir un partido ante 50 mil personas en un estadio de primer mundo deje de ser una falsa opción. Para que no haya más marco que cuadro.

