Ser y conocer a Messi
–Soy Argentino.–¿Argentino? ¡Maradona!Ese diálogo mundial que identificó durante tanto tiempo a quienes nacieron en suelo argento seguramente se encuentra a punto de cambiar. De enriquecerse. Si es que no sucedió ya.
Tranquilamente puede agregarse la opción de mencionar a Messi junto con Diego y esa variante podrá conciliar la discusión de si uno fue mejor que el otro.
Messi tapa todos los problemas de la selección (las limitaciones de sus compañeros; los años de sequía del equipo), los rivales temen quedar en ridículo y lo marcan, como pasó ante Paraguay, cuando jugó bien, y Perú, donde jugó mal. Sus hinchas lo admiran.
Es más, sus conductas dentro y fuera de la cancha han contribuido a contrarrestar esa imagen arrogante que a veces se tiene en el mundo de los argentinos.
Su vida transcurre fuera de los escándalos, no hace papelones y tuvo la determinación de jugar para la Argentina cuando Newell’s no quiso pagarle el tratamiento que necesitaba para desarrollar su crecimiento. No se queja de ser Messi.
Vive siendo el mejor, todo el mundo se lo dice, los pibes compran su camiseta y en los partidos quieren ser como él. Hacen simulacros de relatos y comentarios en el potrero.
“Yo soy Messi”, dicen. A cada lugar que va, como pasó en Córdoba, son capaces de soportar cualquier sacrificio con tal de verlo. De tenerlo cerca. Muchos envidian los placeres de ser Messi. Pero pocos saben que Messi también envidia al tipo común. “Yo quisiera ir al cine más seguido”, nos dijo en el diario.
Tomarse una coca, comerse una pizza con sus amigos. Caminar de la mano con su mujer por una peatonal, sin que nadie lo incomode. Sin custodias. Ser Messi, también implica conocerlo. Y no hay pausas para él. Ni dentro ni fuera de la cancha. Ayer Lima fue testigo.

