Se necesitan más Nizzardos
En este año subirán al banquillo de los acusados las barras de River (caso Acro y la apretada a Pezzotta) y Boca (líderes que coimearon a la policía), Racing (asesinato de Gustavo Quinteros) e Independiente (por la suspensión del juego con Belgrano).
Pero este hecho contrasta con la renuncia de una luchadora tenaz: Mónica Nizzardo acaba de apartarse de su creación, Salvemos al Fútbol. Se trata de la ONG que surgió tras denunciar, como directiva de Atlanta, a un barra que rompió varias dependencias de su club porque le faltaban parte de sus prebendas.
Nizzardo tiró la toalla porque los vínculos de barras con el poder político y autoridades deportivas son más fuertes. Y en su despedida, cargó contra otras mujeres “de peso”, que podrían haber reforzado esta lucha en conjunto y no por separado, como la propia jefa de seguridad roja (“Florencia Arietto hace política”, comentó) y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (“homenajeó a los barras, cree en la defensa de sus trapos”, disparó).
“La preocupación es porque el partido se juegue, no la de desarmar a las mafias. O que si hay violencia, pase afuera de la cancha”, consideró en su larga dimisión.
Cree que no hay nada más que hacer. Que en Buenos Aires, como en el interior, se avanzó poco. Que después de sus cruzadas en Newell’s, clubes salteños, o desde aquella intervención en Talleres (apoyó una denuncia por la que fue imputado el barra Cortez), no hubo cosecha. Nadie se involucró, mientras el poder de las barras creció.
En Córdoba, es notable. En la “T”, participaron en los festejos del 99 aniversario con el gran telón que lleva el nombre de la Fiel. En Belgrano, “Tito” vive su mejor etapa tras aquel episodio lejano en el que intentaron arrebatarle el poder. Y el más grave, la escalada de violencia que se vive en la barra de Instituto.
Desde la apretada del “ascenso o muerte” con el plantel de Franco, a la reciente pelea entre dos barras (uno quedó parapléjico). “Corrieron la violencia de lugar. Todos tratan de arreglar con ‘los muchachos’”. La justicia entrará en escena. Nizzardo lo verá desde afuera. En épocas en las que se necesitan más como ella, ahora hay una menos. Lástima.

