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No se olviden de Sebastián Viberti

25 de noviembre de 2012 a las 08:50 a. m.
No se olviden de Sebastián Viberti

A finales de los ’70, no existían los chats, ni Internet. Las ansias de comunicarse con el resto del mundo se canalizaban a través del correo convencional después de publicar un aviso en las secciones de intercambio de alguna revista con vuelo internacional.

Con ese recurso, en mi niñez, me sorprendió una carta llegada desde Málaga en la que un aficionado del club de esa ciudad contaba su pasión por coleccionar recortes, fotos, láminas o cualquier cosa relacionada con un futbolista cordobés llamado Sebastián Viberti. Así, con inocencia de niño, comprobé el significado de su figura para la afición malaguista.

Los años y la profesión pusieron a Sebastián en mi camino para descubrirlo más a fondo. Y un día me animé a mostrarle la carta que había guardado durante años. Y el viejo se emocionó. “Dejámela, quiero responderle”. Así era él: humildad y pasión pura.

Le decían “el Patón” en alusión al tamaño de sus pies, aunque otros, menos convencionales, le decían a escondidas “el Jetón”, por su estilo frontal para decir las cosas, sin medias tintas ni formalismos y, a veces, con cero sentido de la oportunidad.

El "callate Sebastián" no existía para él. Tampoco el contar hasta 10 para decir las cosas. Defendió sus convicciones con la misma fuerza con que iba a disputar la pelota en sus años de futbolista: con intensidad, pero nunca mal intencionado."No es un descubrimiento decir que me gusta ganar. Es lo que me lleva en muchos momentos a cometer fouls con exceso, nunca con mala intención. Es que el partido me absorbe muchísimo y no me puedo contener. Y por la misma causa les grito a mis compañeros, me desespero, los quiero empujar a todos y se me puede ir la lengua, lo que puede traerme líos. Pero mi intención no es ofender a nadie, sino infundir ánimo para luchar, para poner la pierna", se autodefinía en la desaparecida revista Sport, en junio de 1968.Siempre luchó por la falta de memoria de la dirigencia y ese convencimiento lo hizo a trabajar en una iniciativa que lo desvelaba: la creación del Museo del Deporte Cordobés, ese mismo que, según quienes lo acompañaban, llevará su nombre. Para no olvidarlo.