Más allá de Messi y la altura
La barrera de la altura afectó. Es verdad, es un hecho probado. Bastaba verlo a Messi, tratando de tomar aire, para darse cuenta. Claro está con la excepción de Di María, que al igual que en Bolivia, demostró que es un tipo capaz de sobreponerse a semejante condicionamiento.
Sin embargo, a la altura lo que es de la altura y a las miserias de esta selección, la responsabilidad de los jugadores y del cuerpo técnico. En el acto ofensivo y defensivo. Argentina jugó una hora sin Messi y, en ese contexto, fue poco lo que generó. El gol y algo más. Y el ingreso de Messi, generó más alivio abajo que arriba.
¿Cómo? Sí. Le dio respiro al ajetreado fondo argentino: fue pausa y así le quitó vértigo al aluvión ecuatoriano. Esta es la cuestión gravitante. Argentina armó una empalizada y la estaba pasando bastante mal. Concedió 20 córners y terminó dándole gracias a Dios que los delanteros locales no estuvieran derechos (menos mal que la mayoría fue para Caicedo) o que ni hubiera suficiente trabajo para explotar las debilidades del fondo argentino más allá del 1-1 y de un puñado de arremetidas.
Sabella estuvo más nervioso que nunca. Se lo vio preocupado, con gestos y ademanes permanentes. Inclusive reclamó fallos al juez. Las pelotas detenidas lo desnudan. Romero no tiene panorama de área. Le pueden cabecear en el área chica, Fernández, Garay y Basanta pueden perder fácil la marca. En un equipo protagonista, esas facturas son caras.

