La historia no usa capucha
Lo que Talleres gana en la cancha, algunos inadaptados tratan de quitárselo en la tribuna.
Es tan viejo como el fútbol y tan real como el sol: el prestigio que se gana en la cancha muchas veces se pierde en la tribuna por culpa de cinco o seis inadaptados que no entienden la lógica del fútbol y aplican sus propias leyes para sobresalir en la jungla.
Algo de eso le pasa a Talleres que mientras intenta salir del infierno a fuerza de triunfos (desde la llegada de Sergio Coleoni ganó los dos que jugó por el Federal A), algunos hinchas (pocos por suerte) se empecinan en hacerles vivir a jugadores, dirigentes y seguidores de verdad (los legítimos, los que pagan su entrada) un infierno paralelo.
El sábado pasado, luego del sufrido y merecido triunfo de la “T” ante Ferro de General Pico, un grupo de inadaptados rompió parte del alambrado de la modesta cancha y entró delictivamente al campo de juego para saquear a sus propios jugadores, a los que habían alentado hasta minutos antes. Los despojaron de sus pantalones, sus camisetas y sus buzos. Lamentable.
Una imagen patética que no tuvo mayor repercusión sólo por la categoría en la que sucedió. En Primera o en la B Nacional, esa grabación se hubiera viralizado casi al nivel del motochoro de la Boca. Talleres es un grande que se ha ganado el respeto del mundo futbolístico y que ocupa un importante lugar en la enciclopedia del fútbol argentino e internacional.
Semejante historia no puede ni debe ser manchada por cinco o seis encapuchados. No, Talleres no se lo merece.