Independiente y un padre de primera
Revolviendo tesoros escondidos, allá lejos y hace tiempo, encontré una postal autografiada del "Aguilucho" Oscar Gálvez y una vieja foto de dos tipos vestidos con camisetas que intuía de color rojo, aunque se vieran grises. De no haberlos reconocido -a mi padre Nicolás y a mi tío Rafael- seguro apostaba que eran Vicente De la Mata y Antonio Sastre, "próceres" que descubri en los fascículos de "La historia de Independiente", lectura obligada de mi niñez.
Por aquella imagen de "players" de cabellos engominados y bigotes de galán de los \'50 supe de la existencia de otro Independiente, de Bajo Hondo, en el campo chaqueño. Nunca indagué demasiado sobre las hazañas de aquel equipo; tal vez ni siquiera las haya tenido.
Apenas supe que "De la Mata" había sido un aguerrido volante de 1,90 metro e intimidatorias alpargatas del talle 47, y que "Sastre", futuro maestro panadero, la "amasaba" bastante bien.
Apenas supe que "De la Mata" había sido un aguerrido volante de 1,90 metro e intimidatorias alpargatas del talle 47, y que "Sastre", futuro maestro panadero, la "amasaba" bastante bien.
Al fútbol dejaron de jugarlo, pero nunca de sentirlo. Y fieles a su sangre roja, bautizaron Roberto Oscar, por "Pipo" Ferreiro, y José Omar, por "el Pato" Pastoriza, a sus respectivos primogénitos.
Pero mi hermano abrazó los colores azul y oro y me vi obligado a reparar el desengaño, aunque no hubiera sido favorecido con el nombre de alguna gloria de Independiente.
Tras el festejo del \'78 -me valió un reto de mi madre, que hinchaba por el interior- redoblé la apuesta: en casa se jugaban una fija que la tercera sería la vencida, la "chancleta", y les corté en seco la ilusión presagiando que iba a ser otro varón y que se lamaría "Ricardo Daniel, por Bertoni". Y fue varón, nomás. Y del Rojo.
Mi padreMi padre nació en el \'31, igual que el fútbol profesional, y como hincha ganó 13 campeonatos y 13 copas. Se perdió otras cuatro vueltas olímpicas y el cumpleaños 91 del club, el 1º de enero de 1996, justo el día que nació su primera nieta. La Virgi ya tiene 17 y apenas dos títulos con Independiente ("¡papá, somos campeones!", exclamó sorprendida en 2010).
Quizá porque nunca vio jugar a Bochini me mira sin entender mucho cuando despotrico contra Caicedo, que el otro día le hizo ganar un par de zapatos (en un rapto desesperado, se los prometí si "el Negro" hacía un gol). Y yo que creía estar inmunizado, por aquello de que el periodismo, de tanto acercarte al conocimiento de los vericuetos menos explorados del deporte, te va alejando de las pasiones.
Hoy que el presente del Rojo se ve tan gris como aquellas camisetas de la vieja foto, y en vísperas de su día, recuerdo a mi padre. Él hace mucho que se fue, pero siempre será de primera.

