Esperándolo a “Tito”
El miércoles pasado, Francesc Vilanova, 44 años, actor de reparto en el mundo del fútbol hasta ocho meses atrás, entró al vestuario del Barcelona como si se tratara de un día más. Reunió a sus dirigidos y les pidió atención, igual que antes de sus charlas técnicas. “Tranquis, que no es tan grave”, les dijo.
Desde temprano, la noticia había convulsionado a propios y extraños: la recaída de un tumor en la glándula parótida que un año atrás había llevado al quirófano al entrenador del equipo catalán, y que lo obligará a alejarse por un tiempo del Camp Nou. Una vez más.
“El quiste está en un sitio diferente y será más fácil de tratar”, explicó el DT ante un auditorio que no salía de su asombro. “Fue ‘Tito’ el que nos animó a nosotros”, reconocería después el capitán Carles Puyol.
Emociona semejante demostración de entereza, aunque no sorprende si se hurga un poco en la biografía de Vilanova. El hombre tiene claro aquello de las segundas oportunidades que dan el fútbol y la vida.
Promisorio valor de la Masía (la academia de juveniles del “Barsa”), debió emigrar cuando apenas había disputado un amistoso en el equipo mayor. Figueres, Celta, Badajoz, Mallorca, Lleida, Elche y Gramanet fue el recorrido que a la postre le valió ser reconocido como un mediocampista exquisito, como “el Marqués”.
Ya retirado, en 2001, se sumó al staff técnico de las inferiores barcelonistas, donde dirigió a Messi, Piqué y Fábregas. Allí estuvo un par de años, hasta que un director deportivo le señaló la puerta de salida en nombre de la reestructuración.
El segundo regreso (2007) lo mostró al lado de Guardiola, en el Barcelona más exitoso de todos los tiempos. Y el pasado 27 de abril, Sandro Rosell –ya alejado de la dirección deportiva y cómodamente sentado en el sillón presidencial– lo ungió como el sucesor de “Pep”.
Dicen que vuelve en seis semanas, justo para el cruce con Milan por la Champions. Puyol, Messi, Piqué, Fábregas... Todos lo van a estar esperando para un final de cuento. “Con el mundo haciendo click y volviendo a encastrar justito en su lugar” (*).
(*) De “Esperándolo a Tito”, cuento de fútbol de Eduardo Sacheri.

