El miedo a no ser “el mejor”
Probablemente Maradona haya sido más que Messi en la selección argentina. Por su gravitación, manejo de impronta (¿alguien puede manejar su genialidad y hacerla aparecer?), por esos partidos que ganó solo, por el título del mundo del ‘86, por el tobillo hinchado, por los jugadores que enriqueció al convertir en goleadores, por el país que unió, lo que nos identificó afuera (“¿Argentina? Maradonaaa”).
Y porque supo ser Maradona al bancarse también sus conductas, su vida desordenada, la droga (“Y si no me hubiera drogado...”) y estar al borde de la muerte mil veces.
Todos esos hechos que hicieron que Maradona formara parte de la vida de muchos. Lloramos, reímos, nos alegramos con él, nos preocupamos, utilizamos sus frases (“Me cortaron las piernas”, por caso).
Pero el Diego jugador parece ser el único valor que el quiere defender. El de haber sido el mejor de todos. En el resto de sus versiones dejó y deja la peor impresión.
Diego entrenador, involucrado en convocatorias interesadas, empresario, embajador, habitante de la noche... Sus apariciones públicas lo muestran con serios problemas para hablar. Este mismo viaje a Nápoles para aclarar cuestiones con el fisco.
Messi va en camino de ponerse sus zapatos. Su genialidad se lo ha permitido y muchos sostienen que ya es Maradona. Quizá por eso, Diego sintió necesidad de decir que fue el mejor. Ese es su temor, el de aquel que puede dejar de ser el mejor.

