Basta de este “folklore”
No te pierdas el análisis de Hugo García con todo lo que dejó el clásico entre Talleres y Belgrano.
En tiempos en los que la violencia enferma al fútbol cada día más, la salida a escena del clásico era un desafío que involucraba a todos sus protagonistas, dentro y fuera de la cancha. Debía ganar la discusión futbolera. Sin embargo, una serie de actos fallidos llevaron el clásico hacia otros lugares, que ameritan análisis de interés general.
La foto de la barra de Talleres mostrando la bandera de Bolivia para ofender a sus pares de Belgrano (¿los capos no fueron juntos a Sudáfrica?) dio la vuelta al mundo, generó un lógico repudio y la intervención del Inadi, como sucediera con las banderas nazis en 2009, algo que terminó en un pedido de disculpa de Talleres en la sede de la Amia.
El partido se paró, justo cuando Fifa anuncia que se vendrán quita de puntos por este tipo de cuestiones. ¿Eso es lo que quería la barra? ¿No pudieron entrar el telón y sí esa bandera por vendetta? ¿Y la Policía? Encima, desde la popular Artime se interrumpió irrespetuosamente el minuto de silencio por Marisol Oviedo, cuya familia justo distinguió a la “B”, club e hinchada, por el acompañamiento en tan doloroso trance. Y ambos tiraron bombas de estruendo. También son formas de violencia, aunque ahora se las llama “folklore” del fútbol. En nombre de eso, vale todo.
El segundo punto tuvo que ver con la reacción de Juan Carlos Olave y sus gestos hacia la hinchada de la “T”, que le dedicó un cantito agraviante sobre su primo “el Potro” Rodrigo. Pudo ser expulsado y haber generado una reacción de los hinchas.
Se entiende el malestar, pero jamás se justifica. El arquero celeste no puede perder de vista que representa al club y que sus actos tienen el peso y una credibilidad superior a la de cualquiera.
El pibe que se viste como Olave y sueña con ser como él, en el club y fuera de él, ¿puede dar como aceptable esa reacción porque es “folklore”? Daniel Albornos, ídolo de Talleres, ayer rival del “1” y hoy técnico de la local, donde también hay muchos pibes que lo reconocen, salió a cruzarlo y, luego, el tema pasó a ser quién se agraviaba más, hasta que llegó el necesario pedido de disculpas del arquero. El tema hartó como el famoso “folklore”. Basta.

