Una expectativa distinta en Belgrano
Hay una frase que forma parte del glosario de la filosofía universal y también del pensamiento político argentino: "La única verdad es la realidad". Su concepción se le atribuye a Aristóteles, más de 300 años antes de Cristo, y Perón la hizo propia para referirse a la realidad social. En fútbol, la realidad es la que escriben los jugadores en el campo de juego y su correlato es el listado alfanumérico de la tabla de posiciones. Guste o no por su marcado pragmatismo, lo tangible es la posición que el equipo ocupa en esa lista. Y el fútbol, más que cualquier otro deporte (y Argentina, más que cualquier otro país) se nutre de la expectativa por la victoria.
Es imposible ponerle un porcentaje a la incidencia que puede tener un técnico en un equipo y su responsabilidad en los resultados. ¿Es un 10 por ciento? ¿Un 20? ¿Un 50? Lo cierto es que un entrenador tiene entre sus atribuciones no sólo la elección de los titulares y suplentes, sino también la posibilidad de potenciar los elementos de los que dispone; es decir, sacarle el mejor provecho posible a cada jugador.
Con la contratación de Sebastián Méndez, la comisión directiva de Belgrano decidió dar un golpe de timón real, diferente al pretendido cuando reemplazó a Ricardo Zielinski por Esteban González, o al propio González por Leonardo Madelón.
Es que, a priori, “el Gallego” es otra cosa. Los resultados, como siempre, marcarán si su llegada fue el salto cualitativo que se esperaba. Pero, en principio, genera algo diferente. Más que sus pergaminos (clasificó a Godoy Cruz a la Libertadores), el voto de confianza es a su personalidad; esa que muchos creen necesaria para renovar el juego y las ambiciones deportivas de Belgrano.
