Subirse al tren es la cuestión
¿Cuánto le habrá durado a Emiliano Rigoni el gustito por esa gran actuación que le cupo ante Godoy Cruz? Así como le debe haber pasado a Lucas Zelarayán tras su debut, a Lucas Pittinari después de aquel gol ante Atlético de Rafaela, "Emi" debe haber deseado que la sensación del deseo hecho realidad fuera eterno.
Pero como nada es para siempre, la realidad encuentra a Rigoni envuelto en la particular transición que vive Belgrano en la que los jugadores propios, los más jóvenes, han comenzado a tener una mayor continuidad, al punto de que en Mendoza, cuatro de los 11 titulares eran jugadores promovidos en la era Ricardo Zielinski, al que podría agregarse Pier Barrios, que proviene de otra generación.
Más allá de si Zielinski prioriza la base y sube la vara de la exigencia para los pibes más de la cuenta como pueden haber pensado los propios jugadores, la oportunidad apareció. Y en el fútbol, estar preparado es lo único que paga. El primero en ganarse un lugar fue Zelarayán y, después de un par de años, debió tragarse la bronca de no poder jugar, tratando de mejor. Mirándose hacia adentro.
Nadie le haría un equipo en torno de sus condiciones. Había que gravitar de otra manera. Y lo hizo. Debe ser un ejemplo para Rigoni. Ya suma tres goles, pero entre aquella gran actuación ante Boca y esta nueva aparición pasó bastante tiempo. La lección a aprender es la misma: orden para desequilibrar. Así el tren de las oportunidades volvió a pasar por el andén de Rigoni. Y hay que subirse porque nunca se sabe cuándo y de qué manera volverá. Si regresa.