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Propios que no deben ser extraños

05 de julio de 2017 a las 08:12 a. m.
Propios que no deben ser extraños
(Foto: Sergio Cejas)

Ya quedó dicho. Se cumplieron 50 años sin que el fútbol de Córdoba haya logrado ganar un título en Primera División. La peor campaña de Belgrano; que Talleres haya sólo mantenido la categoría en la temporada regreso a la divisional de privilegio, tras 12 años; y que Instituto no pueda salir de la B Nacional desde hace 11 fueron los últimos resultados. Cada club tiene claro el diagnóstico y sabe qué formas hay que cambiar para poder cumplir sus nuevos objetivos. Se vive ahora la etapa de la formación de los nuevos planteles, pero lo que más ocupa y preocupa siguen siendo los requisitos que determinarán los refuerzos.

Está claro que acertar con los “foráneos” es una tarea difícil, ya que son pocos los que cumplen con las expectativas o las superan. Hoy se sabe todo, y nobleza obliga, hay que destacar que se ha tratado de extinguir aquel modelo del DT que caía con sus jugadores o el dirigente que promovía la llegada de “refuerzos” que venían a recuperarse o para devolver un favor. O al menos se está en eso.

El debate está allí. Pero la atención también debería ponerse en otro aspecto importante de la formación del plantel. Por caso, la inserción de los jugadores propios. Cuando nos preguntamos cuánto nos falta para ser protagonistas, también hay que decir, sin tapujos, que nuestros semilleros son más valorados afuera que adentro. De hecho, el Inter hizo un convenio con Atalaya, que milita en la Liga Cordobesa y del que advirtió que tiene 10 jugadores en Boca y en River.

Se impone hacer la salvedad de que la inversión es importante y los clubes han podido vender jugadores en los últimos años, como nunca antes. Ha sido un gran paso. Sin embargo, a la hora de formar los planteles, salvo honrosas excepciones, aquel jugador que llega siempre tiene una prioridad. Léase, más partidos para su explosión que “los propios”, quienes muchas veces han debido hasta cambiar sus puestos y funciones para poder estar a disposición y con márgenes de tolerancia mínimos. ¿Cuánto falta para que “juega el que mejor está” se cumpla? ¿Qué tiempo debe pasar para tener una base de propios apta para jugar en la obligación de conseguir un objetivo? ¿Estamos cerca o lejos? En el cierre del torneo se produjeron los debuts de Valentín Barbero (Belgrano, 16 años), Mateo Klimowicz (Instituto, mañana cumple 17) y Catriel Sánchez (Talleres, 18) y el debate ha vuelto a actualizarse.

¿Qué lugar tendrán? Indudablemente dependerá de sus condiciones. Saben que deberán germinar en la obligación, como les pasó a otros de la casa que ya lo probaron como Lucas Acosta y Cristian Romero (Belgrano); Guido Mainero y Gustavo Gotti (Instituto); Emanuel Reynoso y Victorio Ramis (Talleres). Las estimaciones y las respuestas son de los dirigentes, porque la idea de los jugadores de la casa en el primer equipo vive desde siempre en los semilleros y en la gente. Porque el propio, casi siempre, termina siendo tratado como un “extraño”.

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