Belgrano y las brasas que deben apagarse
Desde hace un buen tiempo a esta parte, los grupos en Belgrano han gozado de buena salud y cuando algunas diferencias se hicieron públicas no fue por ocurrencias periodísticas sino porque desde adentro alguien sintió la necesidad de darlas a conocer.
En este momento, en el que la instancia privada y la pública empiezan a parecerse y el ámbito de analistas alcanza a todo el Mundo Belgrano, algunos futbolistas (no todos) eligieron el camino más corto: descalificar al periodista y compañero Pablo Ocampo por el solo hecho de cronicar un asado ("Un día a las brasas", fue el título) en el que, pese al prólogo de una charla grupal, seguían las caras largas y algunas ausencias fueron indisimulables.
Lo importante no es pedirle explicaciones al mensajero, sino tratar de neutralizar los factores que determinaron esta situación en uno de los momentos sagrados que justamente sirven para fortificar al grupo y evitar que se pueda asociar el nivel de juego con las diferencias de grupo. El 3-0 ante Sarmiento fue un triunfo esperado y necesario, pero no fue motivado porque había que demostrar que la salud de grupo está bien.
Hay muchos equipos que han sabido estar a la altura de las circunstancias sobrellevando sus diferencias o solucionándolas de cualquier manera. Belgrano ya transitó por un episodio similar cuando se plantearon diferencias económicas entre algunos integrantes del plantel a fines de 2014 y encontró el camino: se clasificó en 2015 a su tercera Copa Sudamericana, estableció la mejor campaña de un equipo cordobés en un torneo de AFA. Aquella "Rebelión en la granja" (así fue el título de aquella nota en Mundo D de diciembre de 2014) puso sobre el tapete el disconformismo de varios jugadores juveniles que, luego, exigieron una actualización del contrato.
El orden se restableció entre todas las partes, incluida la dirigencia. Pero no salió adelante porque jugó un partido contra la prensa, sino porque entre todos las protagonistas priorizaron al equipo. De la misma manera, cuando los resultados no se dan, los factores externos jamás superan a los futbolísticos. Creer lo contrario sería caer en las brasas para quemarse. Y la "B" no necesita eso.

