Basta de pedirle a Messi que nos salve
Aún cuando ha dicho una y mil veces que cambiaría todos sus goles en el Barcelona por un Mundial, la grandeza de Lionel Messi ha sido tal en la selección argentina que ha sido útil para potenciar la carrera de muchos compañeros y, a la vez, les ha permitido disimular los sus bajones. Ha debido cargar con la cruz del posmaradonismo, de los años sin ganar títulos en mayores, de ser el Messi con pocos recursos más allá de su propia impronta.
Un gol es lo que ha separado a la selección de volver a vivir de un momento deseado como el de ganar un título, en dos oportunidades. Y al propio Messi, de cumplir ese sueño. Pero no para probar que puede entrar en los botines del Diego sino por su deseo legítimo de ser campeón del mundo, como el de cualquier jugador, más allá de su nombre.
Como sea, la gravitación de Messi seguirá presente. Ya dio bastante. Basta de que sea uno solo el que deba ponerse el equipo al hombro y gambetear hasta el propio pasto sin que el resto lo aproveche como corresponde, aunque la táctica de Martino pregone un juego asociado y vertical. Ahora, o en algún momento, deben haber otros que sean capaces de sostener la bandera. De saber llevarla hacia adelante.
Quien quiere oír que oiga. El mensaje no es exclusivo, sino inclusivo. En la selección, no hay ningún negado. Hay de los que entienden el juego y lo determinan; de aquellos que pueden pelarse para encaminar un partido o revertirlo.
Como en otras oportunidades, el prólogo de la doble fecha de eliminatoria es inmejorable. Agüero y Higuaín están convirtiendo en el City y en el Napoli; Banega sigue haciendo historia en el Sevilla; Di María fue parte (máximo asistidor y tercer goleador) de un nuevo título en PSG, Mascherano se mantiene en Barcelona, Sergio Romero ha tenido más continuidad en el United y así con la mayoría. Se avecinan Chile, en su estadio, y Bolivia, en nuestro Kempes.
Nadie les pide que sean como en sus equipos porque es algo que ni siquiera puede darse con Messi en Barcelona, pero sí que traigan el orden con el que juegan. Para que la selección no resulte ser “Lionel y 10 más”.

