Amanecer campeón de América
San Juan y Boedo fue el punto de celebración azulgrana, donde sonrieron miles de fanáticos de todo el país. También, como "el Gordo" Soriano, celebraron los que ya no están.
La noche es toda azul y roja. Los lanza-humo van tiñendo el cielo porteño azulgrana desde San Juan y Boedo hacia cada rincón del mundo donde haya un hincha de San Lorenzo que ha cumplido su sueño más preciado: ser campeón de América.
La fiesta está signada por la emoción de una espera que terminó. Abrazos sobre abrazos, lágrimas sobre lágrimas. Cuadras y cuadras de cuervos que saltan y cantan y bailan y celebran.
El 13 de agosto de 2014 ya se despidió a la medianoche para buscar su sagrado lugar en la historia del club. Y la celebración sigue. Cuando salga el sol, esos miles y miles de hinchas amanecerán campeones de América.
José, un tucumano que se hizo de San Lorenzo a los 4 años en su rancho de Tafí del Valle escuchando historias de Farro, Pontoni y Martino, lo abraza a Bautista, un cordobés de 10 que fue por primera vez al Nuevo Gasómetro: "Podés creer, Bauti, venís por primera vez a la cancha y lo ves campeón de América. Yo esperé más de 70 años, pero no iba a morir sin esta Copa".
Al lado, unos muchachos comentan que estuvieron con dos que vinieron de Ushuaia. Dicen que contaron que salieron hace varios días. Su peregrinación terminó en la mítica esquina Homero Manzi del barrio de Boedo, previa escala por ese Nuevo Gasómetro que enloqueció cuando vio al Pipi Romagnoli levantar el trofeo más deseado.
Es el momento más glorioso para esos cuervos que peregrinaron con hitos cargados de lauros y con etapas más que duras.
"Nos fuimos al descenso/ nos vendieron la cancha/ lo que nunca pudieron/ fue parar esta hinchada/ la que lo sigue al Cuervo/ en las buenas y en las malas/ la que lleva en la sangre la pasión azulgrana".
Síntesis de un club que forma su ADN con esa fusión del accidente con el tranvía de Juancito Abbondanza que lo llevó al cura Lorenzo Massa a ofrecerle el patio de la capilla para que dejaran de jugar en la calle y el antiguo nombre de Forzozos con el que empezaron a competir en los primeros campeonatos barriales de fútbol a principio del siglo 20.
Entrega para superar la adversidad. "Ser de San Lorenzo es un interminable sobresalto, una carga que se arrastra en la vida con tanto desconcierto y orgullo como la de ser argentino", escribió Osvaldo Soriano.
Su alma y la de miles de cuervos que no lo pudieron ver campeón de América se fundían con otros miles de cuerpos que saltaban y cantaban en la madrugada del jueves en San Juan y Boedo.

