AFA: entre la interna y la amenaza de la Fifa
La crisis de AFA y un final que no parece para nada feliz...
La salud de Armando Pérez sumó un capítulo de incertidumbre a una novela interminable en la AFA. Y sucede justo cuando llegó la amenaza, desde el exterior, por una supuesta desafiliación que la Fifa podría disponer (pena la intervención de la Justicia en sus asociaciones afiliadas) tras el embate de la jueza María Romilda Servini de Cubría que ordenó que se fijara la fecha de las elecciones, antes de mañana, ante el desorden interno en el que sus dirigentes no se ponen de acuerdo en el plan por seguir.
La trombosis pulmonar de la que Pérez se está recuperando obliga a pensar en un escenario sin el titular de la Comisión Normalizadora de la AFA para los próximos cuatro o cinco meses de acuerdo con fuentes médicas, aunque él haya manifestado el deseo de retomar las actividades.
Lo cierto es que al momento de enfermarse Pérez, la Comisión Normalizadora no solamente afrontaba el ataque de los clubes que quieren su cese ya mismo, sino también una interna entre sus propios miembros. Por caso, Pablo Toviggino, juntamente con otros dirigentes del ascenso, fueron los que pidieron a la jueza que exigiera la determinación de una fecha de elecciones, algo que, tiempos judiciales de por medio, se estaría haciendo en febrero.
Lo paradójico es que los que acusan a Pérez y compañía de no llamar a Asamblea “en octubre”, de no avanzar en la modificación del estatuto, de “acrecentar” la deuda previsional (demanda de Afip) y de conformar “una desastrosa gestión” para “participar” en las negociaciones y en la realización de nuevos contratos por derechos de explotación audiovisual, además de “no defender el derecho de los clubes a cobrar sus acreencias y de obligarlos a pagar sus deudas”, carecen de autoridad.
Son los mismos dirigentes que llevaron a la AFA y a la mayoría de sus clubes al borde de la quiebra; aquellos del 38-38 con 75 asambleístas para la última elección y quienes permitieron que la selección viajara en el avión de Lamia. Igual, más allá del cambalache de los actores, no se ve luz al final del túnel. Eso es lo grave.
