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Las revoluciones de “Leo” Messi

31 de diciembre de 2015 a las 09:19 a. m.
Las revoluciones de “Leo” Messi

Lionel Messi no es lo que parece. Tiene un perfil revolucionario que ninguno de los signos que muestra en público avalan. Mientras una buena parte de los argentinos queman sobremesas cruzando teorías psicológicas sobre por qué Messi no es como Maradona, el rosarino tiene la virtud de ir acomodando su talento innato para seguir estando en la cima del fútbol desde hace casi 10 años. Del pibito con pinta de "pollito mojado" que debutó en 2004 en Barcelona, al chiquitín que metió sus primeros goles en 2005, el cambio estuvo en que dejó de conformarse con la gambeta relámpago en el sector derecho del ataque para ser un delantero con gambeta. Como se nota, la gambeta le da valor al delantero y, por eso, todos empezaron a valorarlo.

De ser el nene mimado de Ronaldinho pasó a ser el socio de Ronaldinho. El ocaso del brasileño se hubiera extendido más tiempo si “Leo” no hubiera ido a la velocidad crucero con la que gambeteó a medio Getafe en 2007, en ese gol maradoniano que aceleró las aceptaciones globales de sus colegas: era el nuevo rey.

Los críticos seguían por otro camino. “Ese chico no es goleador. No tiene el físico para serlo, no sabe moverse en el área; es para desequilibrar de contra, a campo abierto”, se decía. Y empezó a hacer goles.

Calladito, como siempre, con esa mirada hacia abajo ante los micrófonos que nunca se le vio ante un arquero, Messi siguió haciendo cosas que le decían que eran imposibles. Y empezó a jugar en el área. De "9", sin espacios, donde había que tocar de primera. Messi otra vez se reinventó. Jugó de "9" y fue el "9" más raro de la historia del fútbol y también el más goleador, con más de 90 goles en 2012.

Otra revolución suya fue que inventó una profesión: “Los estadistas de Messi”. Son mayoría en las redes sociales.

La cuestión es que Messi también golea a los opinólogos, porque ahí, a mano, están los números para demostrar que la locura que despierta en los hinchas no es propia de una pasión irracional, surgida de la enfermiza practica de inventar ídolos.

Y se sigue diciendo que no se rebela nunca. Le dijeron que no podía jugar el fútbol, y jugó. Le dijeron que no podía ser goleador, y es goleador. Le dijeron que no podía ganar un Mundial... Rusia es tierra de revoluciones.

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