Temas del día:

La profundidad del bochorno del fútbol

La salvaje agresión contra los jugadores de River no terminó en la cancha. Miles de niños fueron testigos del escándalo. Algunos, hasta lo hablaron en el colegio.

15 de mayo de 2015 a las 04:16 p. m.
La profundidad del bochorno del fútbol

Hay hechos que necesitan un tiempo para encontrar su lugar. En el caso del bochorno en el superclásico de la Libertadores 2015, al menos para mí, tomó su significado recién el viernes pasado el mediodía.

Fui a buscar a mi hija al colegio de Córdoba capital. Mi hija, de seis años. Mi hija, que de fútbol y de copas Libertadores no tiene idea. De golpe, la escuché hablar con una compañera. Hablaban de River, de los jugadores, del gas pimienta.

"¿De qué hablan?", les pregunté. "De lo que pasó anoche", me respondió.

Y siguió. Me contó que, antes de izar la Bandera Argentina, a las 8 de la mañana, el director del colegio había decidido hablarles a todos. A los cientos de chicos que estaban por entrar a sus aulas. En un hecho especial. "Nos dijo que lo que había pasado anoche, con los jugadores de River y Boca, no había que copiarlo. Que estaba mal. Que una cosa es jugar al fútbol y otra era lo feo que había pasado", me siguió contando.

Pensé, entonces, en la cantidad de pibes con las camisetas de Boca y River que suelo ver cada vez que salen del cole. Chicos de no más de 10 años que llevan con orgullo sus colores. Pensé en sus papás; viendo juntos lo de anoche frente a la tele. Pensé qué feo y difícil es explicar lo peor del mundo a un nene.

Sí, es cierto: vivimos bombardeados por miles de imágenes más duras, más crueles, más sádicas y en muchos casos, los chicos suelen tener contacto con ellas. Pero esto era otra cosa.

Era la ilusión desarmada en pedazos imposibles de reordenar.

Era ver a sus ídolos llorando, con las camisetas manchadas por una sustancia asquerosa, con los ojos hinchados. Era una primera gran aproximación a lo mal que nos hacemos los seres humanos. Era una cosa más profunda que le daba de lleno justo a la inocencia. En el medio.

Seguimos caminando con mi hija y mientras yo le explicaba algo más sobre lo que había pasado en la Bombonera (que, a una nena de seis años, le suena a caja de bombones), ella me interrumpió como iluminada por una duda existencial. "Pero entonces, pa... ¿no me habías dicho que los jugadores eran todos amigos", me recordó.