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En el fútbol argentino hay de todo, menos paciencia

15 de junio de 2015 a las 11:28 a. m.
En el fútbol argentino hay de todo, menos paciencia

El fútbol argentino tiene de todo: improlijidad organizativa; falta de criterios en la planificación de horarios y partidos; sumisión al poder de turno; ausencia de proyectos a largo plazo; escasez de iniciativas para el desarrollo del deporte; poco control, por no decir nulo, sobre las cuentas de los clubes, muchos de los cuales están largamente excedidos en deudas con sus jugadores, entrenadores, organismos oficiales y empleados.

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El fútbol argentino tiene de todo, menos paciencia para sobrellevar una mala racha de resultados o tolerancia para bancar un proyecto. En la primera de cambio, ante un puñado de resultados adversos, el entrenador es el primero en dejar el cargo. Mientras, los jugadores siguen, los dirigentes siguen, los hinchas siguen. Claro, es más fácil echar a un director técnico y su equipo de trabajo que sacrificar (de manera figurada) a un plantel de 30 jugadores, una comisión directiva integrada por decenas de personas o una hinchada con miles y miles de seguidores.

Por la razón que fuera, los técnicos en el fútbol argentino fueron, son y serán el objetivo en la mira de los dirigentes y los hinchas.

Por malos resultados, porque se cumplió un ciclo, porque no se cumplieron los objetivos, porque desapareció la motivación, porque apareció una oferta superadora del exterior o de un club grande, por la razón que fuera, los técnicos en el fútbol argentino fueron, son y serán el objetivo en la mira de los dirigentes y los hinchas. Son la parte más fácil de borrar para descomprimir una complicación.

Para muestra bastan 14 botones que son, ni más ni menos, los entrenadores que dejaron su cargo en las primeras 15 fechas de un campeonato largo concebido para disminuir la presión de los entrenadores. Absurdo. La presión no desaparece y la histeria se desparrama por los clubes argentinos como un tsunami.

Cuando un entrenador se va o lo echan, queda incluso un proyecto. Se termina un ciclo que algunos meses antes se presentó con bombos y platillos. "Tenemos un proyecto a largo plazo". "Vamos a trabajar con las inferiores". "Este club es muy importante". "No nos vamos a volver locos por los refuerzos". Los técnicos hablan, los dirigentes aplauden y los hinchas comentan. A los meses los entrenadores se van o los echan y quedan los discursos, los proyectos. Otra victoria de la presión y la impaciencia.