Atenas y una realidad que duele: jugar para cumplir
Una mirada sobre la pobre campaña del club de barrio General Bustos.
Marcelo Milanesio no tenía consuelo. "Es una mancha que no quería tener", repetía una y otra vez con la cara por el suelo. Corría mayo de 2001 y el histórico capitán de Atenas acababa de cerrar su penúltima temporada en el club de barrio General Bustos con un resultado lacerante para su espíritu ganador: una eliminación en cuartos de final.
El Quilmes de Oscar "el Huevo" Sánchez había logrado lo que a esa altura parecía misión imposible: dejar a Atenas fuera de las semifinales. Es que los griegos llevaban 17 temporadas seguidas metiéndose entre los cuatro mejores y aquella "afrenta" representaba el piso para sus actuaciones en la Liga Nacional.
La "mojada de oreja" despertó al gigante. En el siguiente torneo, los verdes despidieron al "Cabezón" con un título en el Cerutti y, a continuación, ya sin el "9", también alzaron el trofeo en una épica finalísima con Boca.
El contraste con la actualidad es notorio. Atenas vive hoy de recuerdos. Su presente duele como nunca y el tobogán está empeñado en mostrar nuevos y más profundos subsuelos. Esa eliminación en cuartos de final del 2001 sería una bendición para los tiempos que corren, donde abundan las pálidas, los malos resultados y una constante superación de récords... ¡pero de los negativos!
Para el olvido. El hincha –y seguro los jugadores– implora por el final de otra temporada tirada a la basura. La peor de todas.
Con 18 partidos por jugar, no es necesario hacer demasiadas cuentas para darse cuenta de que conseguir un pase a la reclasificación es una quimera con sabor a milagro. “No hay que mentirle a la gente, tenemos que ganar 16 ó 17 partidos y se tienen que dar resultados para que pasemos”, dijo Bruno Lábaque la semana pasada, aún sin las dos derrotas sufridas el lunes y el miércoles en Santiago del Estero.
Los dirigidos por Osvaldo Arduh (el tercer DT de la temporada) están a 10 triunfos del último de los que pasan a la Reclasificación (Olímpico). La única arista positiva es que, mirando por el lado del descenso, Echagüe está hundido en el fondo de la Zona Norte, a seis triunfos de los cordobeses, y parece estar condenado a disputar la permanencia.
Con el barco a la deriva, los continuos cambios de nombres no aportan ninguna mejoría. La excursión por tierra santiagueña se consumió ahora a Muhammad El Amin, en una movida que se asemeja más a un acto reflejo “posderrota”, de ajuste de economía, que a una jugada maestra con pretensiones de torcer lo inevitable: cerrar su participación formal en la Liga teniendo por meta, solamente, la formalidad derivada del cumplimiento que le impone el fixture.
Desde la 2010/11, cuando Atenas fue finalista, sus pretemporadas se hacen cada vez más largas. Y la de este año parece ya estar en marcha.