Temas del día:

Oberto, entre la telaraña y su felicidad

24 de enero de 2012 a las 09:41 a. m.
Oberto, entre la telaraña y su felicidad

Por momentos luce un poco enredado en su discurso, para no soltar una palabra de más, una frase que lo deje “pegado”. Tiene un discurso y lo repite, contenido, acaso ocultando una decisión que ya está tomada (sea cual fuere: jugar donde tenga más ganas o tratar de llegar a Londres sin competir oficialmente en un club).

Y en esas aguas navega. No quiere confirmar si jugará oficialmente. Tampoco, si hará radio con Mario Pergolini o si, después de Londres, será funcionario de la Agencia Córdoba Deportes. Nada.

Todo es “de momento”: sin tiempos definidos. Luce como si tuviera que rendir examen en cada pregunta y no pudiera decir que quiere estar tranquilo. Sólo admite que quiere quedarse en Córdoba. Que no se mueve de acá.

Envuelto en esa telaraña, Fabricio Oberto por momentos se desdibuja: pierde la felicidad que –se nota de acá a la China– exhibe cada vez que tiene una pelota anaranjada entre las manos. Incomoda verlo tan incómodo cuando suelta la pelota y tiene que hablar.

Afortunadamente, sus problemas cardíacos ya son historia y tiene o tuvo sobre la mesa ofertas no sólo para quedarse en el país (Atenas y Obras), mudarse a Europa (Real Madrid, la más reciente) o volver a la NBA (ayer su representante habló del interés de Chicago Bulls y habría tenido otros tanteos). Pero no se decide. O no lo dice abiertamente: y eso se convierte en un bumerán, porque hace que tenga que responder una y mil veces las preguntas que lo incomodan.

En este contexto, lo único claro se lee entrelíneas: que sus cuestiones personales le impiden alejarse de Córdoba, que no está dispuesto a pagar el precio de la lejanía –aun cuando haya “mujeres bonitas” como los Bulls o el Real Madrid– y que sólo quiere pensar en Londres. Que lo único que realmente le quita el sueño deportivo es la selección argentina. Así, sin vueltas.

La cuestión central –la que Fabricio no puede controlar como sus palabras–, es si Julio Lamas, el técnico de la selección, se bancará que Oberto no juegue: si al DT le alcanzará con que se entrene en Atenas y no tenga unos cuantos meses de competencia antes de los Juegos.

En la cancha, como ayer, muestra que el básquet está en su sangre y se siente pleno. Da impotencia que Fabricio, en su telaraña, pareciera pagar un raro peaje en vez de llegar a Londres con unos cuantos meses de felicidad basquetbolera.