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Oasis en un desierto de mezquinos

29 de febrero de 2012 a las 10:47 a. m.
Oasis en un desierto de mezquinos

En un fútbol lleno de miedo a perder y en el que las tácticas más importantes consisten en jugar al error del rival, en equivocarse lo menos posible para ganar de contra, se celebra que existan las versiones actuales de Instituto y River. Se asemejan a sendos oasis en el desierto al que se parece cada vez más nuestro fútbol.Los equipos mencionados proponen ganar a partir de su juego y salen a escena con técnicos como Darío Franco y Matías Almeyda, que han honrado a estilos y formadores que jalonaron sus respectivas carreras como jugadores. Dicho sea de paso, ambos de selección, como Juan Antonio Pizzi, el DT de Rosario Central, quien jugó para España.

Lo que se valora es que hayan venido a poner un poco de luz sobre la tan trillada historia de ganar como sea o ganar jugando mal.

Como si el trámite del juego y el resultado tuvieran una escasa relación. Un mensaje que el hincha podría interpretar así: “Vengan al final del juego, que lo único que importa es el resultado”.

Está claro que Instituto y River no son el Barcelona y que han tenido tardes olvidables e inclusive, un par de resultados los han favorecido más allá de sus méritos en el juego. Pero han sido los menos. La relación entre la capacidad de sus jugadores y el plan se ha mantenido casi siempre.

Los avatares como falta de gol (Rogelio Funes Mori, Nicolás López Macri) en algunos jugadores, lesiones, suspensiones e incomodidades de jugadores que piden ser titulares, también llegaron, pero no limitaron jamás la propuesta."Ellos pueden porque tienen dos o tres jugadores por puesto". Probablemente sea verdad. Pero ahora. Cuando arrancó el plan y la idea de los tres delanteros, Instituto promovió a dos pibes como Pablo Burzio y Paulo Dybala y otro debutante como el propio López Macri, quien sí logró meter varias asistencias.River siempre fue sinónimo de abundancia, pero a muchos DT no les importó y arriesgaron poco y nada. El factor gol les da un valor agregado, pero también los distingue los volantes de juego. Detrás de cada gran delantera, hay un gran respaldo. Hay una relación entre el pase a la red y cómo llega a esa posición. Videla y Fileppi tienen claro cómo juegan sus delanteros y hasta pueden pisar con autoridad las cercanías del arco rival. Lo mismo, Alejandro Domínguez sabe de Cavenaghi, vida y obra, pero también Trezeguet. Razonan el juego, un valor agregado.En ese camino andan Quilmes y Rosario Central, que han sabido encontrar la ruta al gol (Castillejos en el Canalla; Ernesto Telechea en el Cervecero), aunque los problemas de marcación y en pelotas paradas aún los siguen limitando.