Nada es casualidad
Dybala y Vázquez. Dos jugadores genuinos del fútbol local que los cordobeses tuvieron la suerte de disfrutar.
“El Mudo” Vázquez llegó desde Villa Carlos Paz, jugó en el Club Barrio Parque, pasó por las divisiones inferiores de Belgrano, debutó en Primera División, fue criticado y más tarde ovacionado, hasta que cerró el círculo al ser transferido en un vuelo directo de Córdoba a la todavía vigente meca europea.
¿Hace cuánto tiempo que no se daba un caso así? Lo de Matías Suárez, hace casi un lustro, es parecido; podría ser metido en la misma bolsa por su origen en Unión San Vicente, su traslado a Alberdi, el inevitable ¿este quién es? del hincha, y su posterior viaje a Bélgica. Igual camino podría seguir en los próximos meses Paulo Dybala en Instituto…
Son chicos cordobeses, criados en potreros o clubes de aquí, que cumplieron el proceso de maduración en un contexto cercano, familiar, apropiado para potenciar sus valores.
Son pequeños-grandes logros del fútbol de esta provincia, que recoge además la cosecha parcial en 2011 de un Instituto líder, acechado nada menos que por River y Rosario Central, y de un Belgrano sobrio, casi suficiente, más que tranquilo por haber hecho la mejor campaña celeste en torneos cortos.
Es grato y elogiable también lo que sucede con Racing, el único equipo cordobés del Argentino A en el lote de vanguardia, siempre ajustado en presupuesto, tenaz y cabeza dura en la búsqueda de su propio espacio dentro de un escenario más favorable a sus citados vecinos, y próximo a inaugurar su nuevo predio deportivo. Lo mismo puede decirse de Juniors, líder de la Zona 4 del Argentino B, breve en los números que ofrece el cemento pero generoso en los que surgen desde el césped.
Para quienes tienen todavía fresco el recuerdo de las penurias, las abdicaciones, el descontrol, las denuncias, las convocatorias de acreedores y las quiebras sufridas por estos clubes no deja de ser una satisfacción la inserción de una nueva camada de dirigentes, entrenadores, jugadores y todos aquellos que desde su trabajo han tenido en claro y han sido responsables de este cambio de gestión y de imagen del fútbol cordobés.
Vale trazar como alegoría de aquella época y a tono y en comparación con los ejemplos planteados, el irremediable pasó fugaz y oscuro de Javier Pastore por Talleres. No es casualidad lo que está sucediendo. Es lluvia que cae en tierra que fue arrasada por el fuego, y es verde y es flor que brota en lugares que parecían tener destinos de páramos e imagen de desolación.
Este paulatino cambio seguirá enfrentando desafíos. ¿Repetirá Belgrano la gran campaña de este semestre? ¿Tocará la puerta correcta para llamar al reemplazante de Vázquez? ¿Instituto se sostendrá arriba de dos monstruos que claman por volver a su hábitat natural? ¿Racing resistirá o se elevará aún más por sobre los mandobles de sus adversarios para seguir en pie la lucha? ¿Juniors persistirá en su encomiable esfuerzo por volver al Argentino A?
Son preguntas formuladas desde lo positivo. Desde las buenas campañas y por las pequeñas o grandes acciones. Con el propósito de la permanente superación o, tal vez, con el desafío de las grandes gestas.
Afortunadamente, es tiempo de cambios en el fútbol de Córdoba. El presente gesta la sonrisa. El futuro, la ilusión. ¿Una vuelta olímpica? ¿Otras muy buenas campañas? Quién lo sabe. Pero de seguir así, todo es más posible.

