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Más respeto, que soy campeón

18 de febrero de 2012 a las 01:31 p. m.
Más respeto, que soy campeón

Julio Falcioni mantiene la línea, se agazapa, espera el momento justo para contragolpear. Juega a la defensiva, igual que sus equipos. Al fin y al cabo, dicen que no hay prenda que no se parezca al dueño. “Al que no le guste, que cambie de canal”, supo decir sobre el juego de su Boca en el Apertura 2011, cuando la vuelta olímpica era casi un hecho.

Ni la invencibilidad del equipo ni los 12 puntos de ventaja sobre los escoltas lograron quitarle al hombre el rótulo de DT pragmático y alejado de todo preciosismo. Ya en la época de Banfield había animado algunas polémicas al respecto, como cuando Ángel Cappa criticó su ideario y él replicó diciendo, sin más vueltas, que el pregón del "tiki-tiki" lo tenía "podrido". "Mi equipo salió campeón, el de él no. Le recomiendo que mire más videos y lea menos libros", enfatizó el entonces DT del Taladro, que en situaciones más gratas ya suele mostrar cara de pocos amigos. Tras el chisperío, Falcioni empezó a preparar su desembarco en la Ribera y Cappa naufragó dejando a River y Gimnasia a orillas del descenso.

Julio César forjó su fama de “sacapuntos” en Olimpo, Independiente y Colón. Y otra vez la necesidad –en este caso, la de Boca– tuvo su cara. Pero ni el logro que lo mostró extrañamente sonriente en La Bombonera le otorgó la “chapa” de indiscutido que reclamaba, y volvieron los cuestionamientos. “Un campeón tiene que atacar más”, opinó Almeyda, DT de River, luego de los dos superclásicos de fogueo. “No vería un partido entero de Boca”, disparó Cavenaghi. Y “el Chori” Domínguez no se quedó atrás: “Falcioni no iría con el paladar de River”. La réplica no tardó en llegar: “Yo lo único que digo es que a los campeones se los respeta y se los valora. Y Boca fue campeón”.

En su afán autoreinvindicatorio, Falcioni hasta llegó a decir que “tiene su cuota de belleza” el juego de su Boca. En fin. El asunto es que un buen día los reclamos empezaron a escucharse entre bambalinas, donde le achacan una propuesta tal vez exitosa en la cancha pero imperdonable como actitud de vida: armar el equipo en defensa propia y salir a la cancha pensando en no perder.