Instituto se merece la gloria
El viento de cola empuja a Instituto a la punta del campeonato de la Primera B Nacional. Sopla fuerte River Plate, desde sus desniveles; atiza Boca Unidos, muy híbrido anoche en Alta Córdoba. Abanican los demás, con sus propias irregularidades. Sólo Rosario Central, en plena escalada, obliga y exige frenar el vuelo.La Gloria lo tiene merecido, es un justo líder del certamen. Con el resultado puesto y los números en la mesa es fácil enumerar los puntos a favor de un equipo que, se insiste, es más que una sorpresa y que por los mismos interrogantes que planteó desde que salió a escena, y en buena medida habiéndolos salvado, merece un aplauso sostenido.
Anoche golpeó dos veces en pelota parada, mostrando parte de la riqueza de sus recursos para generar peligro y para lograr sus conquistas. No es poco mérito el haber recurrido a esa virtud para limpiar el entramado de un juego hasta entonces sin dominadores.
Ya con la expulsión de Cristian Núñez (y esto no limita el elogio) la gama de respuesta técnicas de la mayoría de sus jugadores afloró para decorar un triunfo inobjetable.En el segundo tiempo, con más espacios y ya dueño de la pelota, Instituto tocó, tiró paredes, hizo cambios de frente, desbordó por la puntas y convirtió otro gol. Se pareció al equipo del comienzo del torneo, insolente y desprejuiciado, preparado para sorprender, dispuesto a romper límites.
Al cabo de 14 fechas, lo ha conseguido. De aquel equipo inicial, una presunción de mejunje de difícil identificación, a esta formación, sólida a veces, generosa las más, y con una saludable intención de tratar bien el balón, tantas otras, han pasado para su tranquilidad más cosas buenas que de las otras.Pero así como el actual viento de cola favorece sus objetivos, despeja sus caminos y lo pone en la vanguardia, un cambio de pronóstico, una corriente adversa lo puede retrasar hasta espacios en los que se situó en recientes tiempos pasados.
A Instituto le ha alcanzado con su regularidad colectiva, su predisposición a cumplir una idea de juego y sus respuestas individuales, incluso superiores a lo que en principio se especulaba.
Pero también ha desnudado tener por momentos (y sobre todo en los últimos encuentros) más dificultad para producir jugadas, ha tenido más dificultad para llevar problemas a otras áreas y ha atenuado un poco aquel ritmo hasta infernal, que agotaba de solo mirarlo y que minaba la resistencia de sus adversarios hasta hacerlos claudicar.
Por eso se impone un freno en su noche de estrellas y cielo despejado. Se acercó un poco Rosario Central, al cual su prosapia le exige el regreso a los cómodos y lujosos sillones de primera división; y ni qué hablar de River, sediento también de aquellos placeres.Junto a ellos una jauría de equipos seguirá sin renunciamientos a quien ostente el envidiado privilegio de precederlos. En estos momentos es Instituto. El que con mucho esfuerzo todo se lo ha ganado. Y el que sin mucho esfuerzo (como cualquier líder) puede perder lo logrado.

