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Instituto: Barrera perdió credibilidad, su mayor tesoro

03 de octubre de 2013 a las 09:36 a. m.
Instituto: Barrera perdió credibilidad, su mayor tesoro

En 2008, Juan Carlos Barrera asumió como presidente de Instituto con la confianza de los socios como principal capital. Llegaba para ponerle fin a ocho años de conducción de Diego Bobatto contraponiendo la bandera de la transparencia. Barrera y su gente debieron afrontar muchas deudas y juicios para poner en marcha el club, al margen de tomar un equipo con riesgo de descenso al Argentino A.La primera fractura en su conducción fue la salida de Ricardo Morellato y Carlos Sabagh, dos dirigentes que no coincidían con un manejo que consideraban personalista.

Hubo importantes obras en La Agustina, el colegio, la incorporación de nuevas disciplinas y sobre todo, se fundó la pensión “José Theaux” para las divisiones inferiores.

Cerca del final del mandato armó una alianza con “Unidad Por la Gloria” y buscó la reelección. Un triunfo rotundo en 2011 confirmó la confianza de la mayoría de los socios.

Pero enseguida se quebró el oficialismo. Las quejas de dirigentes por el manejo de la millonaria recaudación del partido contra River y, sobre todo, la venta de Paulo Dybala al empresario Gustavo Mascardi provocaron una fractura dirigencial irreversible. Aunque se trató de una cifra récord (3,5 millones de euros junto a López Macri, unos 20 millones de pesos), a Barrera se le cuestionó que lo vendiera por su cuenta y que desobedeciera un mandato de la comisión directiva, cuando selló el trámite en Italia.

Un año después, cuando la convivencia entre dos bandos se hacía imposible, un grupo de dirigentes le propuso la renuncia de toda la CD y un llamado a elecciones. Barrera, aferrado al mandato de los socios, se mantuvo en su cargo.

Y con un dudoso procedimiento armó una nueva comisión, que finalmente no tuvo sustento legal. Al final convencieron a un par de renunciantes para que regresaran y así se rearmó la comisión. Así, su legitimidad quedó cuestionada. No tenía el consenso de los socios, ni el apoyo político y económico de miembros de la agrupación que lo llevó al poder.

A partir de allí comenzaron los atrasos en los pagos. Se recuerda la advertencia de Darío Franco y el plantel para cobrar. Al fin, el DT se fue por los malos resultados, el equipo hizo una mala campaña y la deuda creció. Por esos días, la culpa se atribuía a “los que se fueron”.

Se cuestionaron las ventas de Romero y Dybala, el "no negocio" por Faurlin (no se compró la mitad del pase en 500 mil dólares y, libre, fue vendido en 3,5 millones de libras; la mitad eran 10,7 millones de pesos) y la pérdida de patrimonio (Carranza, Rébola, Gagliardi, Canever y Javier Correa, del mismo representante, quedaron libres).

En junio pasado el propio Barrera tuvo la posibilidad de manejar el fútbol a su modo, con su presupuesto, su técnico y su plantel… Y lo chocó en 10 fechas. El descreimiento, que antes tenía de sus pares de comisión, sumó a los jugadores, cuerpo técnico, profesores de divisiones inferiores y empleados, además de la gente, claro. Esa gente a la que “ninguneó” y desafió en su última aparición pública.

La credibilidad del pueblo albirrojo, aquella excelente imagen que tenía y que era su principal capital, Juan Carlos Barrera la terminó perdiendo y dijo adiós de la manera que nunca hubiera deseado ni imaginado.