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El Mundo Instituto que gira en su propio eje

Es el equipo que empezó mirando la tabla del promedio, y resulta que ahora se encuentra viendo la tabla del ascenso.

12 de marzo de 2017 a las 11:55 a. m.
El Mundo Instituto que gira en su propio eje
Instituto terminó sufriendo pero sumó tres puntos muy valiosos (Foto: Sergio Cejas).

El Mundo Instituto es un mundo que gira en su propio eje. No necesita de nadie ni nada más para seguir en órbita. Es conocido (por qué negarlo) que la chicana que reciben sus hinchas (en redes sociales y en sobremesas post reuniones familiares y picados entre amigos) es que en Córdoba están bajo la sombra de Talleres y Belgrano. Lo que no saben los demás es que Instituto no necesita de esos "demás". Y no es un juego de palabras para endulzar los oídos de los albirrojos. La vida de Instituto es la del viernes en el Monumental, esa vida que tiene los altibajos de un electrocardiograma que da bien: con picos, con subidas y bajadas. Si es lineal, se sabe, es el fin...

Instituto es el equipo que arranca la temporada sin querer mirar la tabla de los promedios, pero que la termina mirando después de cuatro empates y tres derrotas en las primeras 11 fechas. Instituto es esa platea rojiblanca que se saca contra el DT Iván Delfino el día de la derrota ante Estudiantes de San Luis. Tanto que Héctor Arzubialde le tiene que hacer de escolta para que los que están pegados al alambre no se le vengan encima.

Eso de estar pegado en el alambre es algo que los hinchas de Instituto nunca dejarán de valorar y devolver como chicana a los que lo chicanean. El sentido de pertenencia de Instituto es y serás su capital por los siglos de los siglos. Es su encanto, el que enamora a todos esos cracks que hoy dan goles por el planeta fútbol. Paulo Dybala juega en los mejores estadios del planeta, pero se le iluminan los ojos cuando camina por Jujuy y enfila por el pasillo con los murales antes de salir hacia ese campo de juego que prepara y mantiene con una entrega sin igual “el Ángel”.

Instituto es el equipo que parece que no va a mirar las posiciones porque aparentemente no le da para ascender, pero resulta que ya dejó de mirar la de los promedios y está mirando la tabla que pensó que no iba a mirar: todo por seis triunfos en los siguientes 11 partidos. Instituto es eso, lo impensado cuando todo está pensado. Para bien y para mal. Como ante Argentinos. Un partido que pinta bravo se pone fácil con el 2-0 y un hombre de más. Y un partido que está fácil, se complica por el 1-2 y deja a los hinchas en la tribuna Sucre (también en la de Lope de Vega) transpirando manos sin uñas.

Instituto es Gotti, el que grita los goles de cara a la cabecera de Calderón de la Barca. Gotti es el delantero que parece no ser tan estrella porque habla en cordobés. Y también porque llega a La Agustina en ese Renault 12 que a veces “lo deja a pata” en estos días de copiosas lluvias en la Córdoba de los desagües tapados y las luminarias apagadas por los barrios.

Salvo Alta Córdoba, donde siempre hay una luz por el Instituto que juega con miles de personas, las que esperan en la puerta a que los empleados de Utedcyc arreglen con la dirigencia y se dignen a correr los pasadores gigantes de los portones del Monumental. El Mundo Instituto, lo que la Nasa jamás explicará. Aunque no hace falta de la ciencia para explicar algo que se siente.