Hora de decisiones en Talleres
Por estas horas, en Talleres se está buscando un técnico. José María Bianco, del que se esperaba mucho más por sus antecedentes, hizo un paso al costado. A quien llegue a barrio Jardín no le alcanzará con cumplir bien su rol específico; será una exigencia tácita la de encuadrar en un perfil milagrero, de esos que espantan crisis sólo con su presencia y con un discurso que calme un poco las aguas en una tribuna caliente y ansiosa.Está comprobado que no hay en plaza un técnico con semejante oferta. El fútbol es trabajo, disciplina, talento y todo lo que presuma de elaboración planificada, y también un poco de azar, y esa mezcla de improvisación con creatividad que tanto escasea en el mercado.
¿Quién viene? ¿Héctor Rivoira?; ¿o Arnaldo Sialle?, el muchacho de Newell's Old Boys que ascendió a Guillermo Brown de Puerto Madryn. ¿O comenzará a ondear la extensa lista de nombres que como sábana se extenderá en la mesa de diálogo y negociaciones hasta que salga el humo blanco?Los componentes del Fondo de Inversión albiazul deben estar cuanto menos atribulados. Todos sus registros en materia de contrataciones han pegado en el palo o han pasado apenas o muy arriba del travesaño. Ya ni siquiera linda con el "casi", la posibilidad de Talleres de ganar un partido o de estar entre los mejores clasificados.
El domingo a la noche ante Juventud Antoniana, Talleres pudo haber sido goleado. Y el “falta mucho” ya no convence para el que observa la postración en la que han caído sus números y lo muy poco convincente de sus actuaciones. Es obvio, entonces, que desde los amplios ventanales de Rosario de Santa Fe 11 se observe un horizonte brumoso y nublado. Sus estadísticas denuncian pobreza salvo el piso de 15.000 personas que, estoicas, reclaman buenos resultados y mejores espectáculos.
En un mar agitado de especulaciones y nombres posibles, que garantizan éxitos o conducen a fracasos y que siempre producen polémica, la línea del análisis no tiene que fluctuar y debe mantenerse hasta que escampe. Talleres casi nunca jugó bien.
Sucedió con uno o dos delanteros, con tres o cuatro defensores, con "doble 5" o con uno solo en el medio; con carrileros de ida y vuelta o con Pereyra y Díaz juntos; con los pibes o los veteranos…El cambio de rumbo de la dirigencia que viró hacia contratos austeros, pibes conocidos y otros sin tanta estrella está cuestionado.
La labor de un técnico que primero coqueteó con la cautela y luego giró hacia donde el viento y las lesiones lo llevaban, también, y por eso se produjo su partida.
Quedan los futbolistas en una lupa que todavía muestra el vello de la juventud en algunos de ellos y la piel curtida por un par de cientos de partidos en otros. En ambos casos, y sobre todo en el Estadio Mario Kempes, juegan en césped alfombrado y con el aliento de una feligresía noble, siempre masiva y consecuente. Para ellos la cena todavía sigue servida. Es cuestión que demuestren tener un poquito más de decisión en querer consumirla.

