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Nunca se debe bajar la guardia

15 de febrero de 2013 a las 10:26 a. m.
Nunca se debe bajar la guardia

Cuesta creer que los propios patrocinadores del boxeo, en ejercicio de la función tutelar que tienen encomendada, provean de argumentos a los detractores de una actividad que exige atención constante. Existen hechos concretos donde concurren insensatos criterios de quienes tienen un cargo de alto rango, una dilatada experiencia o un circunstancial nivel académico. Esta particularidad curricular le confía al portador crédito para formar parte de un cuerpo con apreciaciones justas en voz y votos. Pero, no siempre es así. La figuración social seduce más que la responsabilidad para la función. No basta con saber el articulado, debe conocerse el espíritu de esa letra. El boxeo no merece semejante desaire.

A gusto. La organización salió con la suya, sirviéndole en bandeja un rédito asegurado a la campeona AMB (interina), luego de una postergación usada para “acomodar” en méritos (no contaba con suficientes peleas) y en kilaje (minimosca natural) a la cordobesa Romina Alcántara. Para las autoridades todo fue digerible y alegremente homologaron el combate por la corona mundial con la rosarina Daniela Bermúdez (supermosca hecha y derecha). Al subir al cuadrilátero las diferencias estuvieron acentuadas y el combate se convirtió en una estúpida sesión de tortura para la estoica Alcántara, librada al castigo inaudito que le propinó Bermúdez, sin que propios, ni extraños, intentaran detener en atención a la salud. Nadie se conmovió por un trámite que de ninguna manera podía torcer. Romina resistió con valentía (“lo mejor que pude haber logrado fue terminar de pie”) víctima de los indolentes que tienen ahora la obligación de concederle un largo reposo y requerirle estudios médicos.

Paladar. ¿A quién puede interesar una demostración pugilística de esta naturaleza? Sospechamos la respuesta. ¿Cómo es que el boxeo pierde seguidores? El público quiere disputas equivalentes y a menudo no se lo respeta. Romina Alcántara, tentada por el título y algunos pesos, no es culpable. Ojala que con una parte de lo ganado le haya comprado un regalo a su pequeño hijo, para que el sacrificio no haya sido en vano.