Los goles que no son amores
El gol en contra con el que Diego Sosa significó la victoria de Estudiantes sobre San Martín de San Juan en la fecha pasada marca, en opinión de muchos, un antes y un después en la larga historia de los autogoles en el fútbol argentino. "En general, los goles en contra carecen de la estética que suelen ornamentar las conversiones sobre los arcos rivales. En la mayoría de los casos, provienen de defensores exigidos, jugados al límite, que terminan enviando la pelota a la red propia con rechazos torpes o fallidos, carentes por completo de elegancia y talento, dos valores agregados que hacen del gol algo más que una marca estadística", asegura el especialista francés en goles en contra, y asesor de esta especialidad en la Fifa, Jacques Goldemerde.Para este estudioso, con la conversión en su propio arco, Sosa reescribió la historia del autogol, ya que demostró que se pueden hacer con estilo y prestancia, convirtiéndolos en un elemento más de la belleza, de la pregonada belleza del fútbol."La definición de Sosa fue exquisita", se entusiasma Goldemerde. "Le entró al balón con una combinación letal de belleza y eficacia digna de los grandes goleadores de la historia. Aprovechó al máximo el rebote que dio su propio arquero y le colocó la pelota donde jamás podría llegar. Convirtió un inexpresivo disparo de Boselli en una obra de arte", agrega el experto.Para el especialista, no hay dudas de que Sosa, a partir de este gol, es un jugador de cuidado para la defensa de San Martín de San Juan. "El arquero Pocrnjic deberá ser más eficaz a la hora de retener o rechazar los balones, porque Sosa siempre está rondando su área chica y ya demostró que tiene el arco (su arco) entre ceja y ceja".Quien habla, Goldemerde, sabe lo que está diciendo. Es el poseedor del mayor archivo fílmico de goles en contra que se haya creado jamás en la historia. Entre sus piezas notables se encuentra el primer gol en contra convertido en un Mundial. Ocurrió en 1930 en Uruguay, y fue obra de un defensor mejicano que sufrió una tortícolis en pleno partido y quedó con la cabeza trabada hacia la izquierda. Como no se permitían cambios, siguió jugando, lo que a la postre resultaría letal, ya que un centro desde la derecha lo encontró con su cabeza girada hacia su arco y terminó mandando la pelota adentro con un frentazo."Siempre que se habló de aquel gol se dijo que lo de la tortícolis era mito, pero las imágenes son inapelables. En ellas se ve claramente que el defensor mejicano está jugando con la cabeza girada 90 grados a la izquierda, lo que dificulta enormemente sus movimientos", afirma el experto francés al señalar cómo el azteca se lleva por delante los postes de los arcos en un par de oportunidades. Pero además, Goldemerde es un defensor a ultranza de los goles en contra. Considera que han sido demonizados a lo largo de la historia del fútbol, hasta el punto de ser catalogados como verdaderos actos contra natura del juego, y en algunos lugares (por ejemplo, Colombia), hasta resulta peligroso convertirlos."Sin embargo son festejados por la mitad de un estadio mientras la otra mitad los sufre, como ocurre con cualquier gol que un equipo convierte contra el arco rival", señala con implacable agudeza. Impulsor de la Fundación Goles Incomprendidos destinada a mejorar la imagen de estas conquistas, sostiene que el periodismo contribuyó desde siempre a su desprestigio al adjetivarlos como jugadas "desgraciadas" o "desafortunadas" y últimamente como bloopers. Si a esto se suma que numerosos hinchas se han sumado a una corriente que reclama la aplicación de la ley islámica sobre quienes convierten un gol en contra (concretamente, la amputación del miembro con el que se impulsó la pelota), el panorama sobre estas conversiones sigue siendo oscuro.Después de los tres goles en contra que días atrás se convirtió el Brighton en su partido de la Copa FA contra Liverpool, que terminó perdiendo 6-1, hay inquietud en el mundo del fútbol de que esta práctica se generalice. La Fifa sigue con atención el tema.

