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Un futbolista, una historia

Todos los futbolistas tienen su propia historia fuera de la cancha. Muchos lo pueden soportar; otros, desgraciadamente, quedan en el camino. Por Enrique Vivanco.

17 de abril de 2012 a las 09:27 a. m.
Redacción La Voz
Un futbolista, una historia
Fabrice Muamba. Estuvo 78 minutos muerto, pero ayer fue dato de alta en un caso considerado milagroso. (Foto: AP)

Murió Piermario Morosini, un jugador italiano. El sábado pasado, entró a la cancha como siempre hacen los futbolistas. Levantó los brazos, saludó a los hinchas de Livorno, habrá hecho algún pique corto para calentar aún más las piernas y se ubicó en su posición para comenzar a jugar. Piermario estuvo menos de media hora de pie.
Como siempre sucede (y no es obligación de nadie que eso ocurra), a Piermario nadie le preguntó nada cuando entró a la cancha. A él, y todos los jugadores de fútbol o de cualquier otra disciplina en el mundo, nadie les pregunta si durmieron bien la noche anterior, si comieron bien, si tienen algún familiar enfermo, si se pelearon con la novia o la esposa, o si a algunos de sus hijos les fue mal en el colegio…
El futbolista (o el deportista, en general) es como todos, como cualquiera. Pero a diferencia de muchos, que en sus labores pueden tener margen para la dispersión o para exteriorizar su mal momento personal, tiene que lucir impecable. Todo tiene que dar y a la vez todo tiene que ocultar en esos 90 minutos en los que su individualidad se diluye para ser parte de un equipo que juega y que tiene que ganar, y de un colectivo aún más numeroso al que sólo le interesa que quien se pone la camiseta que los une movilice al máximo sus músculos y ponga en escena su sagacidad e inteligencia para ayudar a lograr el objetivo.
Se observan en la canchas jugadores díscolos, tímidos, discontinuos, aguerridos, provocadores, silenciosos, contemporizadores, confrontativos. Hubo wines tremendamente habilidosos, fantasistas de la pelota, felices en la cancha, y otros duros de pierna fuerte, de límites cercanos, que parecían sólo cumplir con la tarea que se les encomendaba. Estaban los generosos, de andar maratónico, de ayuda permanente, no tan sutiles con la pelota, o esos delicados gourmets, de botín sensible y pase refinado, que preparaban un plato de exquisito sabor para que fuera probado sólo una vez en la cancha. La cancha también es una biblia y un calefón. Todos tienen una historia de vida, de la cual muchos no pueden sustraerse cuando pisan el césped.
Entran a la cancha Carlos Tevez, criado en la dureza de Fuerte Apache, de enorme personalidad, líder e ídolo redivivo en Manchester City tras volver de vacaciones y luego de recibir millones de insultos en su contra, y también un ignoto futbolista que ante el menor desliz, dentro o fuera del campo, se quiebra y no vuelve a aparecer nunca más.
Debe haber algo en la propia historia de "Teo" Gutiérrez para que se haga expulsar tantas veces, desafíe a sus propios hinchas y hasta saque un arma dentro del vestuario de Racing. Y también tiene que haber sucedido algo en el pasado del futbolista desconocido que entra al vestuario, se siente culpable ante sus compañeros por la equivocación cometida y llora en silencio mientras le cae la lluvia de la ducha sobre la cabeza.
Ayer fue dado de alta, en Londres, el congoleño Fabrice Muamba, de 24 años, luego de haber sido resucitado tras sufrir un paro cardíaco cuando defendía la camiseta del Bolton de Inglaterra. Estuvo 78 minutos muerto. Su caso es considerado como un milagro. Podría volver a jugar, pero no hay precisiones.
Piermario no tendrá otra oportunidad. A los 15 años, perdió a su madre; dos años después, a su padre; sus dos hermanos tienen problemas congénitos; otro hermano se suicidó. Su compañero de equipo, Roberto Baronio, escribió en twitter: "Ahora podrás abrazar a toda tu familia". Todos los futbolistas tienen su propia historia fuera de la cancha. En ese frío y distante –o a veces idílico y apasionado– encuentro que sólo dura un partido, el hincha o el televidente se enfrentan con imágenes de futbolistas que deben lucir refractarias a sus propios problemas. Muchos lo pueden soportar; otros, desgraciadamente, quedan en el camino.Otras tragedias:Catalin Hildan. Jugador del Dynamo de Bucarest, murió de un ataque al corazón durante un amistoso en la capital rumana. (05/10/2000)Marcio Dos Santos. El brasileño, jugador del Deportivo Wanka, murió minutos después de un partido con Alianza Lima. (28/10/2002)Marc Vivien Foe. El camerunés muere de un paro cardíaco en Lyon durante un juego entre su selección y Colombia por una de las semifinales de la Copa de las Confederaciones de Francia. (26/06/2003). Serginho. El brasileño de São Caetano fallece de muerte súbita durante un partido ante São Paulo. (27/10/2004)Sixto Rojas. El paraguayo muere en Asunción tras sufrir un paro cardíaco en una práctica del Trinidense. (10/01/2007)Antonio Puerta. El futbolista español del Sevilla muere dos días después de desmayarse durante un juego frente al Getafe. (08/08/2007)Goran Tunjic. El croata del MK Mladost muere de un infarto en un partido ante el Hrvatski Sokol. (06/05/2010)