Fracaso, una palabra maldita
"No hay que darle vueltas, la temporada fue un desastre y yo soy parte de ese fracaso". Si no fuera porque el autor de la frase es Felipe Lábaque, la misma no saldría de lo rutinario que uno espera después de que un equipo no alcanzó sus objetivos. Pero que venga del mandamás ateniense es toda una novedad. Porque su nombre está emparentado como pocos con el éxito y porque siempre le costó horrores asumir su parte cuando el rumbo viene decididamente torcido, como el de esta temporada.Atenas acaba de finalizar la peor Liga de su historia, con un equipo que ni el más pesimista de sus hinchas podría pensar que sería capaz de producir tan malos resultados. La 2011/12 apenas podrá ser recordada por contadas y efímeras alegrías, como el triunfo ante el Flamengo de Leandrinho, el arranque de la era "Che" García con siete victorias al hilo o la paliza al puntero Obras (un "ficticio" 95-54)
Lo de Atenas fue tan discordante con su historia que obligó a una autocrítica profunda a la que no pudo esquivar ni el propio “Felo”, quien asumió su cuota en las elecciones llevadas a cabo con los jugadores y cuerpos técnicos.
Eso sí, con su "que se vayan todos, salvo Bruno" ratificó su conducción personalista en un punto que no se negocia y "lavó" cualquier responsabilidad de su hijo en el fracaso. En la próxima Liga, el equipo volverá a armarse sobre el liderazgo de su hijo.Felipe siente ahora que "le mojaron la oreja". Como en la 2001/02, cuando por primera vez se quedó fuera de cuartos de final, o como en 2004, cuando debió alejarse del club tras algunos cuestionamientos. Su respuesta siempre fue la misma: con un título. ¿Podrá otra vez?

