El valor de las medallas
Mirá el análisis de Gustavo Aro tras el oro conseguido por Sebastián Crismanich.
¿Cuánto vale una medalla olímpica? ¿Los 1.300 pesos de beca que la Agencia Córdoba Deportes le paga al correntino Sebastián Crismanich? ¿Los 30 mil pesos que cobró el correntino por una publicidad para el Banco de Córdoba? ¿Una cantidad no determinada de pasajes que el Gobierno provincial, a través de la Agencia, le entrega al medallista olímpico para que viaje a entrenarse y a capacitarse?
A partir de estos Juegos, el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) anunció la entrega de premios en efectivo para los ganadores de medallas: 150 mil pesos para los individuales y un millón de pesos para las disciplinas colectivas que ganen el oro; la de plata tiene un premio de 100 mil pesos para los single y 700 mil para los conjuntos; y el bronce 60 mil pesos y 500 mil, respectivamente.
¿Serán estos los valores de las preseas? Con estos datos, uno puede pensar que la medalla de Crismanich vale 200 mil pesos y que la plata de Las Leonas tiene un valor de 700 mil pesos (sin contar lo que recibe cada una por contratos publicitarios) y que el bronce de Juan Martín del Potro cuesta 60 mil pesos, aunque se sabe que los ingresos de los tenistas profesionales son superlativamente mayores que los que le entregará el Enard a “Delpo”.
¿Son estos los valores reales de las medallas? Se sabe, desde siempre, que los aportes al deporte argentino siempre fueron escasos, aunque desde la creación del Enard se intenta cambiar esa imagen. En los últimos años, el presupuesto se multiplicó como los panes bíblicos: en 2003 era de 26 millones y desde su creación (hace dos años y medio), el Enard lleva invertidos 226 millones de pesos en becas, cobertura médica y equipamiento para atletas, entrenadores y técnicos de elite olímpicos y paralímpicos. Gerardo Werthein (presidente del Comité Olímpico Argentino) explica que los resultados se verán en el 2020.
Por lo pronto, las medallas conseguidas en Londres tienen el valor real (y único) del sacrificio de los deportistas (Crismanich), y de la entrega sin reparos de quienes ya están salvados económicamente y aspiran a la gloria deportiva eterna (la Generación Dorada de básquetbol). Y eso, no tiene precio.

