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Un buen comienzo para el Boca-River

05 de mayo de 2015 a las 03:50 p. m.
Un buen comienzo para el Boca-River
Un buen comienzo para el Boca-River. (Foto: Fotobaires)

Nuevas generaciones y un perfume entre romántico y pragmático se huele en la Bombonera. El partido entra en su fase crítica. Cualquier error puede ser letal; cualquier acierto, decisivo. Momento de "el que hace el gol gana". Tiempo de cambios. "El Vasco" Arruabarrena observa que Boca no puede construir en el medio y lo pone a Gago. Analiza que todavía le falta juego y golpe de nocaut e instala a Pérez y a Pavón. Variantes para ir al frente, para vencer. Lo necesita. Nunca le había ganado como entrenador un partido oficial. Y su equipo, con cosecha plena, se podía quedar solo en la punta del campeonato. Hablando de plenos, todo fue para el conductor de Boca.

Marcelo Gallardo, de andar tan prolijo con traje como cuando era futbolista, responde sin miedos. Coherente con su ideario, no afloja la respuesta. Un punto es de amarretes parece decir. Los saca a "Teo" y al pibe Driussi y los pone a Martínez y a Cavenaghi. El golpe del "Muñeco" también se sintió fuerte sobre la mesa. Hasta ese instante el partido había tenido vértigo y una cuantas jugadas muy bien elaboradas que se transformaron en lo más vistoso y casi efectivo de la película. Un palo recibió el derechazo de Osvaldo; el travesaño, el de Sánchez. En una definición imprecisa, Chávez se lo perdió frente al arco, y Orion mezcló eficiencia y espectacularidad para sacar por arriba una bomba de Mora.

Todo giraba a gran velocidad. Sin la vehemencia de recientes clásicos, el físico se exponía al límite y el desgaste se volvía lógico. Boca no había sido superior; River no había superado a Boca. Pero en el trance final, cuando se cuidan los porotos o se amontonan todos en una gran apuesta, Arruabarrena orejeó su bolsillo, miró el de Gallardo y se dio cuenta de que lo tenía más abultado.

En un par de minutos, "el Vasco" se quedó sin una moneda. Entraron en tropel Gago, Pérez y Pavón y Boca caminó cinco pasos hacia Barovero. River ya no golpeaba, sólo insinuaba. Sus hombres retrocedieron el mismo trecho. En ese instante quedaron reflejados los tiempos de cada equipo y de cada club. Boca, después de varios años de sequía y de los descalzados pasos de ilustres prohombres, quiere levantarse. Está subiendo la pendiente, busca la cima antes inalcanzable. No le basta con llevarse los tres puntos del superclásico. En esos minutos calientes, en los que la pelota quema más que nunca, demostró su necesidad de seguir escalando tanto como la relativa tranquilidad de River, que el año pasado colgó un par de medallas en su pecho y que, sin darse por satisfecho, no expresaba las urgencias de su histórico adversario.

¿Resultado? Pavón que quiere abrazar a todo el país y que confiesa la precaria seducción motorizada de su representante. Pérez sella el acuerdo de los xeneizes con los minutos más sobresalientes de su reciente etapa. Golpe de nocaut para River que ya había quedado con las rodillas flojas tras el tanto del cordobés.

Se repite: el superclásico demostró que Boca, hambriento de títulos, pretende seguir subiendo, y que a River no le hace tanto "ruido" bajar un poco. Su tiempo de gloria reciente le dio un buen cimiento a su actual trabajo. Sin embargo, en ese nivel no se permiten dos derrotas consecutivas. En su casa, los Millonarios querrán administrar la fiesta. No será por el torneo local; será por los octavos de final de la Copa Libertadores. Otro episodio para una novela de tres capítulos que promete mezclar tanto esfuerzo como talento en una significativa cantidad de buenos jugadores. Los entrenadores, desprendidos, así lo quieren. La mesa sigue servida. El primer plato ha sido disfrutado.

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