Talleres debe madurar en otoño
¿Cómo se sale de esto?, le preguntan. “Ganando”, responde atribulado Rubén Forestello. El entrenador sabe que la mecha prendida se va acortando, que hablar de efímero en Talleres es plantearse metas a largo plazo y que el enorme caudal de público que lo sigue acompañando en el Mario Kempes ya no tiene más paciencia. Muchos ya sienten el calor en los pies de aquel infierno del que tanto costó salir. Y se espantan ante la posibilidad de repetir la experiencia.
¿Es irreversible lo de los albiazules? ¿Su promedio lo desahucia a más de 10 fechas del final? No. Por supuesto. Los números avalan una posible recuperación; los tiempos juegan a favor de una resurrección. Hay chances, todavía, para un plantel que en 2014 ha observado, inmóvil y sin respuestas, cómo el goteo de la desesperanza ha tomado más ritmo y se ha extendido hacia las tribunas. Por eso, la respuesta debe ser inmediata.
Pero no será fácil que eso suceda. La imagen de Héctor Desvaux y Sebastián Sánchez yendo solos a buscar el tiro libre lanzado por un compañero, la peinada del primero y el toque al gol del segundo, es un mero ejemplo de la anarquía, el desinterés y la poca vocación por el cambio de un grupo de jugadores que parece no haber aprendido ninguna lección, ni incorporado las reprimendas de sus entrenadores (antes de Forestello, Arnaldo Sialle). Gimnasia y Esgrima de Jujuy, directo competidor en la lucha por evitar el descenso, le anotó un tanto a los 34 minutos del segundo tiempo. En el mismo contexto, más de un equipo transforma su defensa en un muro. En ese trance, la solidez de Talleres tuvo la consistencia de la espuma.
No es la primera vez que a Talleres lo golpean en el final de un partido. Ni tampoco en el comienzo. Sorprende las veces que ha sido vulnerado sin ofrecer el menor atisbo de oposición seria. Desde siempre se ha mostrado permeable por las puntas y también por el centro. En la defensa y en el medio campo. Suena extraño cuando se analiza la presencia en toda su estructura de hombres experimentados, de muchas batallas, supuestamente proclives a no reincidir en el error. Casi siempre ha sido así: a cada insinuación ofensiva la réplica del adversario producía el tembladeral en el área propia. Y en el transcurso de 2014, no ha habido mejoría.
El domingo a la noche, luego de la derrota, el público fue equitativo y no personalizó el repudio. En el arco estuvieron Santillo o Aguiar; en la defensa participaron todos sus componentes; en el medio, igual; en la ofensiva, casi siempre Sánchez Sotelo y Klusener, aunque también otros. Los futbolistas saben que todos han tenido su oportunidad y que salvo algún jugador en cierto partido, muy pocos han respondido. En ese sentido la lógica se impuso. El cambio debe ser general, del grupo, del espíritu volátil y hasta indolente de cada integrante para que el equipo encauce su rumbo.
Lo que viene demostrará si el plantel tiene la jerarquía para mantenerse en primera. Entre otros, esperan con ganas de festejar Banfield, Defensa y Justicia, Independiente, Instituto y Atlético Tucumán. La vanguardia del campeonato. De ahora en adelante, Forestello deberá darle un perfil más o menos nítido al equipo para definir a qué juega. Los futbolistas tendrán que redoblar su carácter y su predisposición al esfuerzo para compensar el aporte de un caudal técnico que no alcanza. En otras palabras, Talleres debe madurar en otoño. Ya es sabido que es muy difícil ir contra la naturaleza. Pero también es cierto que en el fútbol se han visto cosas aún más imposibles.
