Sportivo Belgrano y el poder de la convicción
El Verde está a dos empates del ascenso al Nacional B. Mirá el análisis de Enrique Vivanco.
Nada mejor que la persistencia para ratificar logros, aunque no sean completos. Nada mejor para Sportivo Belgrano que ubicarse en el umbral de un ascenso para recordar que ya estuvo otras dos veces casi en el mismo lugar.
Nada mejor que mirar su formación para comprobar que los Barucco y los Mazzina; los Verino y los Fassino y los Miranda; que los González Tapia, repatriado y sin rencores; los Francia, los Barrionuevo y los Aróstegui, son los mismos apellidos que han estado en todas sus hazañas, y que de tan cabezas duras han establecido una insinuante dinastía, a la que sólo le hace falta la corona para confirmar su fortaleza.
Porque poder tiene Sportivo Belgrano. Ha tenido el poder de la convicción en sus ideas y en sus comprobadas realizaciones. Ha salido a flote siempre en un torneo abrasivo, que desgasta las zapatillas y el ánimo en cada derrota y por cada kilómetro recorrido. Ha resucitado tras cada remezón (un comienzo titubeante y la partida de Néstor Craviotto) y ha sacado la cabeza del agua con orgullo y fiereza a pesar de la frontera mediática que la geografía impone desde la capital cordobesa.
Esos hombres siempre han sido desconocidos, sólo palpables de visita en Córdoba capital, ya sea por disposición del lógico fixture o de la caprichosa historia de cada club, poderoso alguno, más necesitados, otros, que lo hacía venir en su caso al Estadio Mario Kempes sólo por estrictas razones de dinero. Aun menesteroso, con el riesgo de perder algo de terreno en la coyuntura, siempre se las arregló para correr el este hacia el centro, o mejor dicho, para correr el centro hacia el este en esos tres cuartos de trote y sprint final que siempre supone la terminación de cada temporada.
En medio de la dispersión deportiva de una región en la que pululan equipos e instituciones, lo que atenta su masividad y concentración de fuerzas, el club verde de barrio Alberione ha citado al Oscar C. Boero, con frecuencia anual y puntualidad inglesa a toda la feligresía de San Francisco y a todos sus satélites y colonias. Siempre ha sido cuando el frío convoca a la unidad y al apretujamiento para saltar todos juntos y sonar un poco más fuerte.
Este invierno no será la excepción. Sportivo Belgrano está ante una nueva y gran oportunidad. No estará Daniel Primo, como en aquel inicio en el que el trabajo y el rigor táctico no soslayaban la ambición por un futuro de mejor reconocimiento y más estadios llenos. Han pasado aquellas experiencias truncas ante Desamparados de San Juan y Crucero del Norte, llenas de esfuerzo pero también de frustración por haber dado todo y no haber obtenido nada.
Hoy está Carlos Mazzola, un continuador de Primo, recomendado por este, quien ha sabido leer las escrituras originales del manual verde, en la que se refrendan página por página el espíritu obrero pero a la vez profesional de un plantel que ha mudado de nombres pero no en la tozudez por el logro esquivo.
De todos modos, como ya se dijo, hoy están muchos de los iniciadores de la prolongada gesta que en pocos días más podría ver la luz. Son muchos de los mismos jugadores; son varios de los mismos dirigentes. Es de esperar que su poder no le alcance para acompañar al soberano, sino para ocupar su trono.

