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Selección argentina: que sea un equipo, más Messi

24 de mayo de 2016 a las 06:25 p. m.
Selección argentina: que sea un equipo, más Messi
Messi va por su primer título con la mayor de la selección (Foto: AP).

El reloj produce el lógico recambio en la selección argentina. Por distintos motivos, la huella detrás de Brasil 2014 ha dejado de ser referencia para Pablo Zabaleta, Maximiliano Rodríguez Martín Demichelis, Carlos Tevez y varios más. La decantación por la edad, por el rendimiento y por otras cuestiones que van más allá de lo deportivo, ha sido el filtro del que se valió Gerardo Martino para elegir a los 23 futbolistas que estarán en la Copa América del Centenario.Como en toda convocatoria, el gusto de la gente se pone a prueba. Está Lionel Messi, al que no se lo cuestionará por sus atributos sino por la falta de recursos sobrehumanos para conducir al equipo de modo propio y casi sin ayuda a la ansiada consagración. Y a partir de él para abajo. Ya surgieron críticas a la nueva convocatoria de Ezequiel Lavezzi, autoexiliado en China a cambio de millones de yuanes. Se sabe que el juego de "Pocho" pudo haber sentido la falta de rigor en una competencia regida sólo por el entusiasmo y que gasta fortunas en estrellas de luz menguante, acostumbradas a pasados momentos de gloria. Los reproches por la citación de Lavezzi no son nuevos; tenían como precedente sus etapas en el Napoli y en el Paris Saint Germain.

El filtro del tiempo también dejó al costado del camino a otros integrantes del equipo argentino en el mundial brasileño. A los ya citados se agregan Federico Fernández, cuya figura ya es un difuso recuerdo; y Agustín Orion, Ezequiel Garay, Fernando Gago y Rodrigo Palacio, aunque hay más en el listado de ausentes. Después de Chile 2015, aparecieron vigorosos y no tan cuestionados Nicolás Otamendi, Ramiro Funes Mori, Jonathan Maidana, Matías Kranevitter, Erik Lamela y Nicolás Gaitán. Lo de siempre, cuando se salta de un campeonato a otro.

En un torneo que podría ser clave para su continuidad, y en un contexto institucional que en el fútbol argentino anuncia cambios profundos y no garantiza cargos y estabilidad para nadie, Gerardo Martino tendrá la renovada misión de batallar con el "hace años que no ganamos nada", la muletilla inevitable de los hinchas ante cada gran contienda. Su pasado exitoso como director técnico en Paraguay y su vuelta olímpica con Newell's Old Boys no han sido méritos suficientes como para balancearlos con el segundo lugar en la Copa América en Chile y con el tercer puesto en las actuales eliminatorias sudamericanas, algo relativamente meritorio pero que sabe a poco en el paladar exigente del hincha de la selección.

Un título, una vuelta olímpica, reducto seguro de los exitistas, ámbito relativo para quienes cuidan también las formas, será causa suficiente como para dejar al margen cualquier polémica. Martino sabe que en su gestión, hasta ahora, y salvo excepciones, Argentina como equipo no produjo grandes actuaciones y que en mayor o menor medida el desequilibrio que produjo Messi ha sido determinante para sostener resultados y estados de ánimo.

La apuesta para acompañarlo serán los botines afiladísimos de Gonzalo Higuaín o la contundencia algo más tenue del “Kun” Agüero”, mientras que los encargados de abastecerlos serán Ángel Di María, Augusto Fernández, Javier Pastore, Ever Banega, el mismo Lavezzi, y como alternativas Erik Lamela y Gonzalo Gaitán, mientras que Javier Mascherano podría tener a Lucas Biglia o a Matías Kranevitter como compañeros en la zona central del medio campo, según lo requieran los adversarios y las circunstancias del juego.

Sin ser un modelo para armar, Martino deberá moldear un equipo que brinde una mayor imagen de seguridad en defensa, un aspecto que se notó particularmente ante Ecuador, y de solidez colectiva y de recursos ofensivos que no solamente fluyan a través de “la Pulga”, aspectos que casi siempre estuvieron presentes en los últimos tiempos.

Una prueba de esa búsqueda fue la mutación que Argentina tuvo en el mundial brasileño. Aquella vez Alejandro Sabella fue cerrando espacios en el fondo, poblando menos el área adversaria. Martino no anuncia cambios drásticos ni transformaciones profundas. Su manera de sentir el fútbol no admite tantas ataduras. Lejos de la rigurosidad táctica de Carlos Bilardo o el mismo Diego Simeone, sostiene en el genio creador de cada dirigido sus principios de trabajo. Y con eso volverá feliz con un trofeo en la mano; o llegará triste y cabizbajo esperando cualquier sentencia.

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