Pasan los años y la vitrina sigue sedienta
No hay caso; la frase del fallecido Luis Cubilla resiste el paso del tiempo. Y a medida que transcurren los días, se vuelve más desafiante. Aquel gran puntero derecho de River Plate y de la selección uruguaya, entrenador de Talleres en 2003, preguntaba a quienes estaban con él: "¿Cómo Uruguay, con los mismos habitantes de Córdoba, puede tener tantos títulos, y aquí no?".
Ya sesentón, Luis dirigía a los albiazules en aquellos desolados meses previos a la quiebra de la entidad. De a ratos ameno, y a veces, protestón, se refería al inmenso potencial de una plaza futbolística que en el mejor de los casos nunca terminaba de arrancar, y que en su otro extremo (tal como sucedía en ese momento) mostraba con crueldad los principales rasgos que distinguirían su derrumbe: gestiones de dudosa ética, incapacidad deportiva para afrontar la alta competencia.
Hoy, el mismo Luis, abriría los ojos sorprendido al recorrer el este de la avenida circunvalación al ver los perfectos campos de entrenamiento en Belgrano, un panorama que va queriendo ser igual en el sur del mismo asfalto, ya en territorio de sus colores más conocidos.
Como muchos querían, después de tantos años, Belgrano y Talleres ya están en primera división. Ya no quedan rastros de aquel amateurismo que parecía gobernar todas sus estructuras. Hoy algunos de sus principales puestos jerárquicos son rentados. Hoy movilizan cientos de chicos en sus divisiones inferiores, que lucen bien vestidas cada vez que se presentan en una cancha.
Sin embargo, esa imagen de prolijidad no puede eludir y alejarse de los resultados deportivos. Ya instaladas las bases en las que debe sostenerse toda institución, no es descabellado volver a merodear aquellas palabras de Cubilla para plantearlas como un interrogante más directo. ¿No es tiempo como para que el fútbol de Córdoba deje sólo de participar y aspire con prudencia y ambición a un título? Tal vez este no sea el mejor momento para soñar con una vuelta olímpica. Belgrano necesita de una reconstrucción, que lo eleve sobre los escombros del 2016 y lo ayude a edificar una nueva imagen. Renovar el espíritu de algunos jugadores y darle forma a una idea de juego son sus objetivos. Para eso necesitará tiempo y paciencia.
Talleres, en tanto, transita la consolidación de un proyecto que hasta ahora ha ofrecido buenos espectáculos y resultados tranquilizadores, pero cuyo futuro ofrece las dudas lógicas que también impone la competencia. Darle a su buen juego más rigor en el área rival será su meta. Le corresponde el mismo tiempo y la misma paciencia que a Belgrano.
Buena parte de lo que les cabe a sus adversarios de ciudad, le incumbe a Instituto. “La Gloria” encaja en aquella potencialidad de la que hablaba Cubilla. Eterno generador de talentos, con “La Agustina” siempre llena de vida, al margen de sus avatares económicos, tiene la obligación de rediseñar su perfil como club para saber dónde se parará en los próximos años.
Y, por supuesto, no dejar de ofrecer los mejores resultados en el próximo semestre.
La intención no es pensar un título para asumirlo como una obligación ni para pedirlo como una presión. Racing de Nueva Italia quedó en el umbral de participar en el Nacional 67; Belgrano fue el primer cordobés en jugarlo un año después. Pasaron casi 50 años en los que el fútbol de Córdoba se ha entreverado con el del resto del país en el fútbol de la AFA.
En ese lapso, un par de veces estuvo a punto de alzar la Copa pero el resto del tiempo lo pasó intercalando angustias y actuaciones decorosas en las que la derrota se confunde con el deshonor, la frustración con una pérdida absoluta y el descenso con la muerte. Es bueno pensar que los triunfos traen alegrías y que un trofeo nuevo en una vitrina sedienta no quedaría mal en un mobiliario que afortunadamente se ha ido renovando en los últimos años.