Para Talleres, ahora los exámenes finales
¿Serán sólo estos últimos partidos? Llegan las últimas semanas del verano, se aproxima el comienzo del ciclo escolar, y a diferencia de los chicos que vuelven a la escuela, Talleres empieza la etapa más dura de la temporada: la de los exámenes finales, esos intentos truncos que desde hace más de tres años le han impedido volver al nivel superior.
Poco favorece la ilusión de sus hinchas lo que mostró ante Libertad de Sunchales (2 a 2 en el Estadio Mario Kempes). Lejos de aprender de experiencias propias anteriores, de tropiezos que le hicieron caer a metros de la llegada, la inminente clasificación al undecagonal pareció relajarle los músculos y adormecerle la ambición. Y no sólo eso: a una floja actuación general se sumaron producciones individuales muy pobres, de las que alteran el pulso y eyectan al espectador en el reclamo.
Cuesta entender cómo Jesús Nievas pueda jugar como último hombre en una línea de tres defensores con sus limitaciones técnicas, las mismas que Elías Bazzi y Nahuel Santos, los habitantes del ala izquierda, en cuyo flanco Libertad dispuso de espacios y facilidades en la marca para llegar al inseguro Leandro Requena. Por características físicas (alto y fuerte), Nievas tiene más chances de ayudar a su equipo marcando en zona como defensor central o jugando como stopper sobre el adversario más adelantado.
Llama la atención el silencio en la cancha de Javier Villarreal, la voz más autorizada de este plantel para hacer oír reclamos y exigencias a sus propios compañeros, por el calibre de idoneidad de su foja de servicios, y desconcierta la irregularidad de Gastón Bottino y de Agustín Díaz, desaparecidos en casi todo un primer tiempo de olvido rápido y factura inmediata. Leales y consecuentes, como siempre, muchas de las más de 15 mil personas que estuvieron en el Kempes pidieron una derrota digna o un nivel de espectáculo que al menos retribuyera un poco el valor de la entrada.
Arnaldo Sialle reconoció las debilidades de su equipo en los dos últimos trances y pidió tranquilidad. Es lógico, de él tiene que surgir la calma. Sin embargo, el portento de su físico deberá prolongarlo en la fuerza de su mensaje para conmover a sus dirigidos. Surge la cuestión sobre por qué, con un año de trabajo sobre el lomo, Talleres pudo muy pocas veces dar una imagen de solidez colectiva, de consistencia y de una aceptable armonía entre
sus líneas. Casi siempre el costado ofensivo es el que ha salido más robustecido por una manera de jugar que se apoya más en las individualidades que en el trabajo solidario. A los albiazules se los ha vulnerado fácil, aun de parte de expresiones menores a la suya.
Por eso en sus últimas incursiones Talleres ha respondido por el esfuerzo común para evitar las derrotas y el tesón de tres delanteros que aún en noches de bruma y confusión se presentan como letales. Gonzalo Klusener, Franco Olego y Alexis Olivera, éste cuando es invitado a participar, lideraron el abordaje de una estructura vulnerable. Libertad, aun en la victoria cómoda, zozobró ante cada ataque ciego e imperfecto de su adversario.
La actuación del sábado pasado a la noche hizo florecer evidencias: el festejo de un empate no debe ocultar tantas imperfecciones. A pesar de su clasificación anticipada, sus simpatizantes se fueron con muchas más dudas de las que tenían cuando llegaron al Kempes, y la ausencia de Gabriel Carabajal es un valor demasiado alto que deberá pagar hasta que se recupere y mientras no encuentre recursos colectivos para hacer olvidar a unos de sus hombres más desequilibrantes.
Talleres vuelve al final del camino como otras veces. Será solamente suyo el honor y la alegría por evitar experiencias pasadas. Para lograrlo no deberá repetir actuaciones que como las del sábado, sólo sirven para espantar sueños y alejar ilusiones.

