Mirar para otro lado
Luego del fin de semana, sería bueno hablar el lunes de goles y de buenas jugadas, y no de la triste costumbre de contar más muertos.
Tres hinchas de Almagro baleados el domingo, supuestamente, por una disputa interna. La advertencia de la exjefa de seguridad de Independiente, Florencia Arietto, sobre el posible accionar de Pablo “Bebote” Álvarez dentro del estadio para provocar la clausura del Libertadores de América, cuando el equipo de Miguel Brindisi enfrente a Brown de Adrogué.
El recuerdo fresco de la muerte de dos hinchas de Boca en otro enfrentamiento intestino, y el del simpatizante de Lanús, fallecido en el Estadio Ciudad de La Plata un par de semanas atrás, ya son estadísticas que no conmueven a nadie.
Muerte, heridos, amenazas son algunas palabras que tienen igual espacio que las típicas de un partido de fútbol. Se desprenden de hechos casi cotidianos, que de tan repetidos parecen haber adormecido la capacidad de sorpresa, reacción y lamento de las personas. Como en otras terribles épocas.
En ese contexto comenzarán los torneos de la AFA, cuya inacción ante semejantes aberraciones no sale del cauce de las excusas que siempre expuso para quedar libre de toda culpa. La AFA, según sus propios dirigentes, parece ser un ente libre de toda responsabilidad en esta ola terrible de violencia que no cesa y, por el contrario, se agiganta.
De hecho, la AFA parece tomar la dimensión de un gigante burocrático, que ya hasta tiene que consultar la hora en que deben comenzar los partidos. Cuestiones esenciales de seguridad, de logística, de prevención de la violencia, en comunión con otros organismos que trabajan en esas áreas específicas, no son de su incumbencia. La AFA siempre tiene un pretexto para mirar para otro lado y tirar la pelota afuera.
Luego de la muerte de los hinchas de Boca Juniors, el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, manifestó que no era conveniente jugar con hinchas visitantes en los espectáculos futbolísticos. La AFA, como siempre, lejos de fijar una posición, pidió una reunión con el jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina. A cuatro días del comienzo de la competencia, nadie ha dicho nada al respecto.
Por el contrario, el fin de semana pasado hubo una profusa secuencia de partidos en los que ambas cabeceras estuvieron ocupadas. Es fácil la conclusión: con motivo de los últimos y trágicos sucesos, en prevención de la violencia, nadie ha hecho nada en Argentina.
En Córdoba, el Cosedepro se cansó de esperar que la AFA tomara una decisión y, como no hubo respuesta, en el partido Talleres-San Lorenzo cedió la popular Luis Artime a los hinchas azulgranas. No hubo incidentes como no se produjeron en otros tantos encuentros, que animan a decir que esta capital se robustece en la planificación y en la prevención para permanecer inmune a cualquier contagio que se intente desde Buenos Aires o Rosario. Pero no es así. Hay elementos que sirven para decir que la unidad monolítica de las hinchadas y la contundente contención económica que se les brinda a algunos de sus integrantes sirven de freno a cualquier intento de insubordinación.
Lo saben los dirigentes, lo sabe la Policía y lo sabe un sector de la clase política que parece premiar la xenofobia, la prepotencia y el clientelismo. El sábado Talleres presentará sus buenas credenciales de pretemporada; un día después, Instituto desentrañará su modo de jugar y Belgrano seguramente apelará a lo bueno conocido. Sería bueno hablar el lunes de goles y de buenas jugadas, y no de la triste costumbre de contar más muertos.

