Más allá de Belgrano
En la misma semana que Belgrano llegó a ser líder, Bella Vista recibió un golpe de nocaut: le remataron su sede por una deuda impaga.
El domingo a la mañana, como un 10 en matemáticas en la libreta del colegio, aparecía Belgrano en los diarios en lo más alto de la tabla de posiciones de Primera División. Como para que sus hinchas, orgullosos, salieran a la calle a mostrárselas a familiares y vecinos.No era para menos. Salvo una experiencia celeste en la década de los '90, o aquella interesante expresión futbolística del Talleres de J.J. López (poblada de buenos jugadores y casualmente muy criticada por su conservadurismo), el fútbol de Córdoba nunca había estado en el extremo de la pirámide que apunta al cielo.
Lo cierto es que por menos de 24 horas, hasta que llegaron por goteo los goles de River Plate y Boca Juniors, Belgrano fue el primero de los 30. Un dato elocuente, sólido como el granito, que se presenta cargado de símbolos para el fútbol de Córdoba en una semana en la que en la otra orilla explotó una bomba, tan expansiva como devastadora: tan lejos en lo deportivo como cercano en su geografía, Bella Vista, club de barrio poblado de historia, recibió un golpe de nocaut al serle rematada su sede por una deuda impaga.
Ambos datos no deben pasar inadvertidos. Belgrano refleja el éxito esforzado, la resurrección después del tsunami, la sencilla pero lapidaria enseñanza del bienestar que produce gastar menos dinero del que ingresa; la materialización de lo imposible.
Su ejemplo no debe pasar inadvertido en una plaza que tuvo clubes devastados por la crisis en los últimos años del siglo pasado, llenos de deudas, en convocatoria de acreedores o en procesos de quiebra. Y que hoy sigue ofreciendo incertidumbre y desamparo.
Belgrano y Bella Vista expresan los límites opuestos de una realidad matizada por decenas de casos de necesidad y urgencia,
de indiferencia y de abandono, y de muy poquitos casos de buena organización y de eficiencia deportiva.

Suena caprichoso, pero no por casualidad Barrio Parque abasteció al club de Alberdi con Franco Vázquez, o de Las Palmas surgieron varios pibes que hoy han llegado o están por llegar a la división principal pirata. La energía parece unir a los que en el (para muchos) indescifrable tránsito entre el dispendio y la austeridad, toman la dirección correcta.
Bella Vista pidió ayuda en un ámbito poblado de necesitados. Su caso es uno entre decenas. Los clubes de Córdoba claman por más atención. Necesitan redefinir su perfil como abastecedores de deporte a zonas muy castigadas por diversos flagelos. Sus dirigentes, en el mejor de los casos, trabajan, ayudan, en medio de una soledad abrasadora; en otros se aprovechan de ese mismo desierto para exprimir lo poco o mucho que queda.
El caso de Belgrano debe servir de ejemplo, aun en un medio tan azaroso como el fútbol. La pelota en el palo, la mala actuación del árbitro, una pelota que no fue gol pueden determinar parte del futuro de una institución, aunque encuentran oposición en una correcta planificación que puede producir un muy buen jugador por año o, una gran campaña en el mediano o largo plazo…
¿Seguirá Belgrano escalando de nube en nube hasta llegar al sol? ¿Continuarán las entidades deportivas con su imprescindible aporte a la sociedad? Un interrogante plantea posibilidades en un ámbito puramente profesional, inoculado permanentemente de billetes y de más billetes. La otra pregunta aporta cuestiones que exceden lo que plantea un entrenador o lo que resuelve un jugador en la cancha.
Trasciende lo lúdico. Excede lo competitivo. Punza la perspicacia de algún dirigente deportivo, social o político para resolver una cuestión tan vieja como terminal: qué hacer con muchos clubes para que subsistan, progresen y ayuden a una mejor calidad de vida de los cordobeses.