La Gloria, en su hora difícil
El cielo parece nublarse de a poco en Alta Córdoba. Aquellos lejanos chisporroteos en el horizonte, en la gestión de Juan Carlos Barrera, que dividieron a la comisión directiva y provocaron una renuncia en masa, hoy ya tomaron la imagen de una tormenta casi perfecta.Curioso el caso de Instituto. Hace unos años, parecía haber formado un "dream team" dirigencial, con varios nombres de peso en la política albirroja, que insinuaba proyectar un futuro en el que sólo parecía haber espacio para la ventura.
Su propuesta de realizaciones tuvo el respaldo mixturado de la previsibilidad y el azar en la formación de un buen equipo que, liderado por Darío Franco, peleó el ascenso ante River Plate, Rosario Central y Quilmes, y en la aparición del futbolista más redituable de toda la historia para un club de Córdoba: Paulo Dybala.
Instituto parecía estar de moda. Tenía al pibe maravilla, luchaba por llegar a Primera División y su dirigencia convivía en la democracia de los acuerdos y de los disensos, respaldados por un estatuto quizá único en nuestro fútbol, que preveía hasta una junta de representantes para controlar los actos de gobierno.
De pronto todo se cayó. Una pésima campaña posterior produjo una explosión que disparó esquirlas para todos lados. La dispersión del humo mostró una transición llena de problemas. Y hubo sorpresas.
De aquella prometedora primavera institucional y del posterior y paulatino derrumbamiento económico, quedó una propuesta futbolística que no alcanzó a resucitar en la iniciación de Daniel Jiménez como director técnico. Como ocurrió cuando estuvo Darío Franco, este reciente Instituto tampoco tuvo energías para llegar con aire y fuerzas hasta el final.
En estos días en la Gloria hay incertidumbre. Un presupuesto menor y de nuevo el azar, por qué no, se están notando en un plantel que desde la primera fecha acusa el aletargamiento de trayectorias prolongadas y la debilidad y las dudas de comienzos recientes.
Por ese motivo “Miliki” no ha podido armar el mismo equipo en dos fechas consecutivas. Ya sea por lesiones o suspensiones, el anhelado ensamble entre la vieja y la nueva generación de futbolistas no ha podido concretarse de la manera deseada.
El ingreso forzado por circunstancias adversas cargó a los más jóvenes de una responsabilidad que les cabe parcialmente en esta etapa de crisis. Alegres y victoriosos ante Arsenal en un desafío grupal por la Copa Argentina, algunos de ellos han tenido que insertarse en un plantel que ahora debe responder, más que nunca, a los mandatos de la experiencia.
La derrota ante Boca Unidos sirve de ejemplo. Complicado y aturdido, el equipo en el primer tiempo inofensivo dio paso al revés de esa hibridez, traducida en la honrosa búsqueda de respuestas en el temperamento. Así, Instituto buscó y buscó, sin encontrar otras salidas más que las de la confusión y de la derrota.
El desafío para Jiménez es grande. Todavía tiene tiempo de reencauzar el barco. Deberá rezar para poder contar con todos los jugadores y quizá deba pensar que al no tener un gran futbolista en el plantel, tendrá que robustecer la idea de equipo para afianzarlo.
El contexto no lo ayuda. Instituto tiene sobre su cabeza una deuda de más de 50 millones de pesos y el proceso positivo de retroalimentación no funciona. Al fin y al cabo, y como sucede en la mayoría de estos cuadros críticos, lo que sucede en el fútbol es directa consecuencia de lo que ocurre en el club. Y desgraciadamente la Gloria no es la excepción.