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La fama de Orion

24 de marzo de 2015 a las 11:02 a. m.
La fama de Orion

Vale la comparación, aunque resulte exagerada: un jugador que en velocidad va a disputar una pelota con los pies hacia adelante le otorga la misma imprevisibilidad a su gesto que la de un automovilista cuando llega a una esquina a una velocidad superior a la permitida.En esas instancias, el futuro del conductor y del futbolista se torna incierto. Sus mismas temeridades e irresponsabilidades lo ponen por varios segundos en la delgada línea que separa la supervivencia de la expiración, ya sea en la vida misma o como deportista.Agustín Orion, tanto como los cientos de jugadores que cada fin de semana apelan a ese recurso, sabe conscientemente que su destino o el de su adversario puede estar signado por ese tipo de acción.Es un "o él o yo", lleno de dramatismo e imprudencia que puede terminar en un suspiro aliviado de los presentes o en algún centro asistencial cercano al escenario del partido. Doble dolor: Carlos Bueno fue operado, y ya cerca de cumplir 35 años (el 10 de mayo), podría dar por terminada su carrera sin que su voluntad así lo haya decidido.

El riesgo asumido por Orion produjo su expulsión y una catarata de calificativos que realzaban sus malas actitudes en un campo de juego. Ayer, día de descanso para los argentinos, fue el tema central de conversación y de polémica, en el que hasta no sólo los futboleros se sintieron impactados por la cruenta colisión.

En el impacto se nota la pierna derecha levantada del arquero, en un gesto que puede interpretarse como de intento de obstrucción a Bueno para que no siguiera su camino al gol. No fue con los tapones de punta; no pareció realizar un movimiento que denotara una clara intención de provocarle semejante lesión. Inclusive su rodilla podría haber sufrido un daño también superior.

Sí, se repite, Orion, como todos los futbolistas que salen a una cancha, sabe que ir con los pies hacia adelante a disputar un balón equivale a rezar y a encomendarse a Dios. Y eso equivale también a someterse a las sanciones disciplinarias que deberían castigar con dureza esa irreflexión.

"Mala leche" es un calificativo que se le impuso al tercer arquero de la selección nacional del último Mundial en Brasil, por este caso. En un terreno en el que predominan las parodias, resumidas, por ejemplo, en simular caídas y lesiones, demorar el juego, protestar al árbitro, indicarle a éste que amoneste a un rival, golpear al adversario y sacarlo de competencia reviste una caracterización aún mayor.

Al interpretar la ola de críticas hacia el arquero ex Estudiantes de La Plata y San Lorenzo de Almagro hay que remitirse a lo que dijo el secretario general de Boca Juniors, César Martucci: “Orion no es mala persona. Es calentón, tiene carácter”.

Como en todo grupo de trabajo, en los planteles suele haber líderes positivos y líderes negativos. Los primeros actúan con mesura, aconsejando a los jóvenes, con procederes que actúan en armonía con sus discursos. Los otros, hacen lo contrario.

Una de las malas artes de los líderes negativos es la de hacer sentir esa superioridad, hasta en forma despiadada, sobre todo entre los más jóvenes. Todavía se recuerda la artera acción en un entrenamiento de Orion sobre Leandro Paredes (hoy en Roma de Italia), quien para algunos, exageradamente, se perfilaba como el sucesor de Juan Román Riquelme.

La reacción, absolutamente irracional (una patada desde atrás) le produjo al mediocampista una severa lesión en un tobillo, que lo marginó varios meses de las canchas. Golpeando a los más chicos, Orion intentaba demostrar su poder.

Ese tipo de comportamientos queda, sí, en la memoria de la gente, que ante otro desliz, como el ocurrido en San Juan, cae con toda su furia sobre el arquero, que seguramente ahora quedará en igualdad de condiciones para actuar con su colega Guillermo Sara, de buenas actuaciones cuando le tocó reemplazarlo.

Lo de Orion vuelve a poner a prueba a Rodolfo Arruabarrena en su rol de conductor de un plantel, que entre egos de estrellas, selfies en mitad de cancha y actitudes desconsideradas, ya insinuó levemente su disconformismo con un “no me gustó” ante la insólita foto tras un gol abajo de los palcos de La Bombonera. Gesto austero para quien en el vestuario debe mostrar la imprescindible personalidad y fortaleza anímica que tuvo como futbolista.